A solo días de las elecciones legislativas en la provincia de Buenos Aires, el riesgo país argentino volvió a encender las alarmas. El índice elaborado por JP Morgan trepó hasta los 898 puntos básicos, marcando su valor más alto desde abril y reflejando el nerviosismo de los inversores frente a un escenario político y económico cada vez más incierto.
El salto del indicador se explica por la fuerte caída de los bonos soberanos en dólares, que retrocedieron entre 2,2% y 3,3% en la primera jornada de septiembre. Según Portfolio Personal Inversiones, los títulos de mayor duración fueron los más castigados, en un contexto de alta volatilidad y escasa liquidez. A esto se sumó el feriado en Estados Unidos por el Labor Day, que condicionó el volumen de operaciones.
En paralelo, el Tesoro Nacional intervino en el mercado cambiario, vendiendo divisas para frenar la escalada del dólar y mantener la banda de flotación estable. Operadores estiman que se inyectaron alrededor de 150 millones de dólares a través del Banco Central. Sin embargo, la medida no logró disipar las dudas sobre la sostenibilidad del esquema monetario ni sobre la capacidad de pago de la deuda.
El impacto también se sintió en la Bolsa local, donde el S&P Merval cayó un 2,1%, mientras que las acciones argentinas en Wall Street mostraron pérdidas generalizadas. Empresas como Aluar, IRSA, Telecom y Supervielle registraron retrocesos de entre 2,5% y 4,1%.
Con este panorama, los analistas advierten que el resultado electoral del 7 de septiembre podría ser determinante para el rumbo financiero del país. “La clave poselectoral pasará por cómo se desarma el actual apretón monetario”, señaló el economista Juan Manuel Franco, quien alertó que las tasas reales elevadas podrían volverse “muy nocivas para la actividad económica” si se prolongan.