17 de Julio de 2026
Sociedad / 19-01-2026

A seis años del crimen de Fernando Báez Sosa, el dolor sigue intacto y la memoria se multiplica





Familiares, amigos y cientos de personas participaron de una misa en Recoleta para homenajear al joven asesinado en Villa Gesell. Mientras los rugbiers condenados esperan definiciones judiciales, la sociedad vuelve a exigir justicia y reflexión sobre la violencia.

Este 18 de enero se cumplieron seis años del asesinato de Fernando Báez Sosa, el joven de 18 años que fue brutalmente golpeado por un grupo de rugbiers a la salida del boliche Le Brique, en Villa Gesell. El crimen, que conmocionó al país entero, dejó una huella profunda en la memoria colectiva y en el debate público sobre la violencia grupal, el clasismo y la justicia.

Como cada año, sus padres Graciela Sosa y Silvino Báez encabezaron una misa en su memoria en la parroquia Santísimo Redentor, en el barrio porteño de Recoleta. “Seis años sin Fernando es lo más triste y doloroso. Es como si fuera ayer”, expresó su madre, visiblemente conmovida. El templo se llenó de carteles con su rostro y la palabra “Justicia”, en una ceremonia cargada de emoción y silencio respetuoso.

El caso judicial tuvo un fuerte seguimiento mediático. En 2023, ocho jóvenes fueron condenados por el crimen: cinco de ellos a prisión perpetua y tres a 15 años de cárcel. Actualmente, todos cumplen sus penas en la Alcaldía N.º 3 de Melchor Romero, mientras esperan la resolución de la Corte Suprema sobre las apelaciones presentadas. La posibilidad de que algunos accedan a beneficios penitenciarios en 2027 genera preocupación entre los familiares de la víctima.

Más allá del proceso judicial, el crimen de Fernando se convirtió en un símbolo. Multitudinarias marchas, campañas en redes sociales y actividades escolares lo mantienen presente como emblema de lucha contra la violencia. “Fernando representa a todos los chicos que salen a divertirse y no vuelven. No queremos que haya otro caso igual”, dijo una docente que participó del homenaje.

La figura de Fernando también interpela a las instituciones. Diversos sectores reclaman reformas en el sistema penal, mayor control en zonas de boliches y campañas de concientización sobre violencia en grupos. El caso abrió debates sobre el rol de la educación, el deporte y los privilegios sociales en la formación de conductas agresivas.

A seis años del crimen, el dolor de su familia sigue intacto, pero también su compromiso con la memoria. “Mientras haya gente que lo recuerde, Fernando sigue vivo”, repiten sus padres. La misa, los carteles, las velas y los abrazos compartidos son parte de ese ritual colectivo que busca transformar el sufrimiento en conciencia, y la tragedia en una causa que no se olvida.

Diseño: Eplaxo