El paisaje urbano de las principales ciudades argentinas se ha teñido de mochilas térmicas y bicicletas que no descansan. Sin embargo, detrás de la agilidad de las aplicaciones, se esconde una realidad aritmética cada vez más cruel. Según el "Índice Delivery", un relevamiento que cruza los ingresos promedio por envío con el costo de la Canasta Básica Total (CBT) del INDEC, un repartidor necesitó en el último año aumentar un 40% su carga de trabajo para mantener el mismo nivel de consumo que a principios de 2024.
Durante 2025, se observó un fenómeno de "rendimientos decrecientes": a pesar de que el valor nominal de los pedidos aumentó, el ritmo de ajuste de las plataformas quedó sistemáticamente por debajo de la suba de los alimentos y el combustible. Mientras que un trabajador de plataforma necesitaba realizar cerca de 300 envíos mensuales para cubrir una canasta individual hace dieciocho meses, hoy esa cifra trepa por encima de los 450 viajes, sin contar los gastos de mantenimiento del vehículo y la conectividad.
El informe destaca que la jornada laboral de "ocho horas" es hoy un recuerdo nostálgico para quienes pedalean la ciudad. Para alcanzar el ingreso necesario que requiere una familia tipo de cuatro integrantes, un repartidor debe realizar un promedio de 25 a 30 entregas diarias. Esto se traduce en jornadas de hasta 12 o 14 horas, muchas veces bajo condiciones climáticas adversas y en zonas de alta peligrosidad, donde el tiempo de espera entre pedidos se convierte en el principal enemigo del bolsillo.
A esta presión se suma el incremento en el costo de los insumos básicos. El mantenimiento de una moto, que incluye cubiertas, aceite y repuestos, ha subido por encima del promedio general de precios, lo que erosiona la ganancia neta. Muchos trabajadores denuncian que, tras restar los gastos operativos y el monotributo, el ingreso real por hora es inferior al de un salario mínimo vital y móvil, lo que ha generado una rotación constante en el sector y un aumento de la precariedad.
Finalmente, el 2025 marca un punto de inflexión en la relación entre las aplicaciones y sus "socios". Con una competencia feroz por los pocos pedidos que genera un consumo interno deprimido, la cantidad de repartidores conectados simultáneamente satura la oferta, bajando la frecuencia de viajes por persona. El Índice Delivery no solo mide poder de compra; hoy es el termómetro de una clase media trabajadora que corre en bicicleta detrás de una inflación que no da respiro, donde cada cuadra pedaleada vale, irónicamente, cada vez menos.