El costo de la canasta básica en la Ciudad de Buenos Aires registró un fuerte incremento en enero de 2026, según el informe difundido por el Instituto de Estadística y Censos porteño (IDECBA). De acuerdo con el relevamiento, una familia tipo necesitó $1.396.660 mensuales para no ser considerada pobre, mientras que la línea de indigencia se ubicó en $767.413.
La diferencia con los datos del Indec es significativa: mientras el organismo nacional sostiene que la pobreza ronda el 40% de la población, las mediciones de la Ciudad la ubican cerca del 46%. Este desfase de seis puntos alimenta las críticas de sectores opositores y académicos, que acusan al Gobierno de manipular los indicadores para minimizar la crisis social.
El informe porteño también señaló que para ser considerado clase media en la Ciudad, un hogar tipo debió reunir ingresos superiores a $2.201.157 mensuales. La inflación persistente y el encarecimiento de alimentos y servicios básicos explican gran parte de la presión sobre los ingresos familiares.
Especialistas advierten que la disparidad en las estadísticas afecta la elaboración de políticas públicas. “Si no se reconoce la verdadera magnitud del problema, las soluciones serán insuficientes”, remarcaron desde observatorios sociales y universidades.
El Gobierno nacional, por su parte, defendió la labor del Indec y aseguró que sus cálculos responden a estándares internacionales. Sin embargo, la publicación del informe de la Ciudad reavivó el debate sobre la credibilidad de las estadísticas oficiales y la necesidad de contar con datos transparentes para enfrentar la crisis.
La discusión sobre la pobreza y el costo de la canasta básica se instala así en el centro del debate político y económico. Con salarios que no logran recuperar poder adquisitivo y una inflación que golpea con fuerza, la brecha entre las estadísticas oficiales y las mediciones alternativas anticipa un año de tensiones en torno a la política social.