La guerra en Medio Oriente y sus efectos sobre el comercio internacional siguen repercutiendo en la economía argentina. El aumento del precio del petróleo, que preocupa a todo el mundo, ya impactó en el mercado interno: la nafta subió un 10% en lo que va del año, encareciendo costos de transporte y producción.
En paralelo, el Gobierno de Javier Milei destacó que el país alcanzó un récord histórico de exportaciones, impulsado por el sector agroindustrial y energético. “Van a salir dólares por las orejas”, prometió el Presidente, en referencia al ingreso de divisas que espera consolidar durante 2026.
Sin embargo, la contracara se observa en el mercado interno. Comerciantes y pymes advierten que la caída del consumo se profundiza. “No hay pesos”, repiten en distintos rubros, señalando que la población enfrenta dificultades para sostener el nivel de compras frente a la inflación y la pérdida de poder adquisitivo.
La dinámica inflacionaria se ve alimentada por los costos internacionales y por la presión de los combustibles. El índice de precios al consumidor se mantiene en torno al 3% mensual, lo que complica la recuperación del salario real y retrasa la reactivación del mercado interno.
Los analistas señalan que el escenario es de doble velocidad: mientras las exportaciones marcan récords y generan divisas, el consumo interno se estanca. Esta tensión entre el frente externo y el mercado doméstico define el pulso de la economía argentina en el inicio de 2026.
El desafío para el Gobierno será sostener el ingreso de dólares y, al mismo tiempo, recomponer la capacidad de compra de la población. La promesa oficial de abundancia de divisas contrasta con la realidad cotidiana de los comercios, que esperan medidas para reactivar la demanda y equilibrar el impacto de la guerra en los precios internos.