La mañana en la Ciudad de Buenos Aires estuvo marcada por el malestar de miles de pasajeros que utilizan diariamente los colectivos para trasladarse. En las estaciones de Liniers y Constitución se registraron largas filas que llegaron a ocupar hasta una cuadra, con esperas que superaron los 60 minutos.
La reducción de frecuencias, producto de la protesta empresarial por el atraso en los subsidios y el incremento del precio del gasoil, generó un escenario de caos en las terminales. Los usuarios denunciaron que debieron esperar más de lo habitual y que los colectivos circulaban abarrotados.
En Liniers, la imagen fue elocuente: decenas de personas aguardaban en fila sobre la avenida Rivadavia, con gestos de hastío e impaciencia. “Nunca vi tanta demora, llegué tarde al trabajo”, expresó una pasajera que esperaba el 88.
En Constitución, la situación no fue distinta. Las colas se extendieron por la plaza y las calles aledañas, mientras los pasajeros reclamaban por la falta de información oficial y la ausencia de refuerzos en el servicio. “Una hora de espera es inadmisible”, se quejó un joven que debía viajar hacia Lanús.
Las cámaras empresarias del transporte explicaron que la medida responde a la falta de actualización de los subsidios y al aumento del gasoil, que impacta directamente en los costos operativos. “No podemos sostener las frecuencias con este nivel de atraso”, señalaron voceros del sector.
El Gobierno, por su parte, reconoció la tensión pero aseguró que trabaja en un esquema de compensación para evitar que la crisis se profundice. Sin embargo, hasta el momento no hubo anuncios concretos que alivien la situación de los usuarios.
La reducción de colectivos se suma a un escenario de creciente conflictividad en el transporte público. Los pasajeros, que ya enfrentan aumentos en las tarifas, ahora deben lidiar con demoras y esperas interminables, lo que convierte cada viaje en una odisea cotidiana.