Una formación del tren Sarmiento quedó varada en la estación de Ciudadela tras detectarse un desperfecto técnico en una de las puertas. Esto llevó a que desde Trenes Argentinos tuvieran que cancelar el servicio y provocó importantes demoras. Lo que podría haber sido un inconveniente menor y rápido de resolver terminó convirtiéndose en un caos que se extendió por horas durante la tarde del martes.
Según confirmaron desde la empresa a Infobae, el problema se originó en una puerta que salió de su eje y no podía cerrarse. Ante la imposibilidad de circular con una puerta abierta, se tomó la decisión de retirar la formación de circulación y derivarla a un depósito para su reparación. El protocolo, en principio, era claro y conocido por el personal.
Fuentes de Trenes Argentinos informaron que el incidente comenzó alrededor de las 16:10, cuando una de las puertas del tren no cerraba, motivo por el que se activó el protocolo de emergencia. El horario no pudo ser más complicado: plena hora pico, con miles de pasajeros intentando regresar a sus hogares en el oeste del conurbano bonaerense.
El procedimiento implicó el desalojo de los pasajeros, pero allí surgió el principal escollo operativo. Una parte de los pasajeros descendió del tren sin inconvenientes, mientras que otro grupo se negó a abandonar la formación. La resistencia de ese sector del pasaje impidió que el tren pudiera trasladarse al depósito y demoró toda la operación de restablecimiento del servicio.
El personal a bordo procedió a evacuar a todos los pasajeros. Quienes sí descendieron formaron largas filas del lado de la avenida Rivadavia para abordar colectivos y continuar su trayecto hacia sus hogares. Las imágenes de las paradas de colectivos desbordadas se replicaron rápidamente en redes sociales y terminaron de graficar la magnitud del colapso en la zona.
La negativa de un grupo de pasajeros a bajarse del tren puso en evidencia una tensión que se repite con frecuencia en el sistema ferroviario del AMBA: la desconfianza hacia los servicios alternativos y el hartazgo acumulado por una línea que acumula antecedentes de fallas, descarrilamientos y demoras crónicas. Para muchos usuarios, quedarse en la formación era la única garantía de no perder el lugar en un servicio que tardaba en reanudarse.
Tras aproximadamente una hora de interrupción, el servicio se reanudó con demoras. Sin embargo, el impacto sobre las frecuencias se extendió durante las horas siguientes, afectando a decenas de miles de pasajeros que dependen de la línea para sus traslados diarios entre el oeste del conurbano y la Ciudad de Buenos Aires.