Pasaron 50 años del asesinato de Oscar Natalio Bonavena y su figura sigue ocupando un lugar especial dentro de la cultura popular argentina. No fue solamente uno de los grandes pesos pesados del país: fue un personaje irrepetible, capaz de convertir cada pelea en un espectáculo y cada declaración en un título periodístico. El aniversario redondo llegó este viernes 22 de mayo y con él, una nueva ronda de homenajes que confirman que el mito de Ringo no envejece.
Oscar Natalio Bonavena nació en Buenos Aires el 25 de septiembre de 1942, conocido públicamente como "Ringo" Bonavena, fue un boxeador de peso pesado, actor y cantante. Desde mediados de los años 1960 hasta inicios de los años 1970 fue uno de los principales contendientes al título mundial. Comenzó en el Club Atlético Huracán, donde fue campeón amateur en 1959, y desde allí construyó una carrera que lo llevaría a cruzar los puños con los más grandes del mundo.
Venció al campeón canadiense George Chuvalo, combatió dos veces con el gran golpeador Joe Frazier, y el 7 de diciembre de 1970 enfrentó al mítico Muhammad Ali en el imponente Madison Square Garden, logrando derribar al gran campeón, para luego perder en el round 15 después de su tercera caída. Esa pelea ante Ali, con el Garden repleto y Ringo tirando al piso a quien ya era una leyenda viva, quedó grabada a fuego en la memoria colectiva del deporte argentino.
El 22 de mayo de 1976, un disparo del rifle Winchester calibre 30-30 accionado por Willard Ross Brymer, matón a sueldo del gángster Joe Conforte, el dueño del prostíbulo "Mustang Ranch" de la ciudad de Reno, en el estado de Nevada, apagó el corazón de Oscar "Ringo" Bonavena. Tenía apenas 33 años, "la edad de Cristo", según el decir de su madre, la inolvidable doña Dominga. El crimen quedó rodeado de sospechas y versiones que aún hoy generan interrogantes sobre los verdaderos motivos detrás del disparo.
Brymer finalmente pasó apenas 15 meses en prisión por el asesinato de Ringo. Conforte pagó la fianza de su ladero asesino que se estipuló en 250.000 dólares. Una condena que escandalizó a la Argentina y que reforzó la sensación de que la muerte de Ringo había quedado impune, archivada entre los expedientes de un país que no era el suyo y que nunca le hizo del todo justicia.
La muerte de Ringo no fue comunicada a su gran amigo Víctor Galíndez hasta el final del combate que ese mismo día el campeón disputaba en Sudáfrica. Cuando le dijeron la noticia, Galíndez, que había resistido en condiciones antinaturales esa pelea descarnada y que estaba soportando una dolorosa sutura sin anestesia, se quebró y lloró de manera desconsolada. Una imagen que resume mejor que cualquier elogio lo que Ringo significaba para quienes lo conocieron.
La muerte de "Ringo" conmocionó a la Argentina. Miles de personas lo despidieron en el Luna Park, el escenario donde había construido buena parte de su leyenda. Medio siglo después, su historia fue llevada a una serie biográfica, sus frases siguen circulando en las redes y su nombre aparece cada vez que alguien intenta explicar qué es eso que los argentinos llaman "personaje". Una palabra que, en su caso, queda corta.