Isaac Ben Daoude y Ahmed Adda Belkocir, ambos de nacionalidad francesa, están acusados de montar un esquema de exportación de cocaína desde Argentina a ciudades de su país como Lyon y París. Ambos fueron extraditados ayer martes por la noche a Buenos Aires en un viaje de Buquebus desde Montevideo, Uruguay, país donde fueron arrestados el mes pasado. El traslado estuvo a cargo de la División Investigación Federal de Fugitivos y Extradiciones, el área de Interpol de la Policía Federal, que había enviado una comitiva horas antes. Una vez en suelo argentino, los detenidos fueron entregados a la Policía de Seguridad Aeroportuaria bajo orden del juez Aguinsky.
La investigación de la Aduana devino en una causa a cargo del juez Marcelo Aguinsky. Daoude y Belkocir supuestamente intentaron enviar tres encomiendas a su país, con paquetes destinados a Lyon y París. Esos paquetes, marcados bajo la modalidad courier, llevaban según documentos oficiales 37 kilos de cocaína. La operación comenzó a destaparse el 24 de abril cuando agentes de ARCA y la PSA detectaron en Ezeiza una encomienda declarada como azúcar que ocultaba 11 ladrillos de droga envasados al vacío, cada uno marcado con el sello de un escorpión en bajorrelieve.
El hallazgo de las encomiendas permitió al juzgado montar una entrega controlada en París con un falso paquete. El procedimiento, realizado en colaboración con la PROCUNAR, terminó con un detenido en suelo francés. La operación fue coordinada con fiscalías de París, Lyon y Bobigny y con la Dirección Nacional de Inteligencia e Investigaciones Aduaneras de Francia, lo que le dio al caso una dimensión internacional de primer orden.
Daoude y Belkocir se distinguen del resto de los traficantes por las cantidades que supuestamente movían, un número de kilos que suele verse en contenedores, pero casi nunca en la modalidad courier. Que se hayan instalado en Buenos Aires para supuestamente supervisar la operación es al menos sugerente. Ambos vivían como turistas en una torre de lujo en Palermo, sin pedir residencia ni registrar actividad comercial, lo que dificultó su identificación en las primeras semanas de la investigación.
Daoude y Belkocir tenían la captura a nivel nacional, pero la alerta roja de Interpol no había sido cargada todavía. En Carrasco, precisamente, terminaron frenados por un tema migratorio. Si estaba la alerta roja, hubiese impactado de inmediato en su paso por una terminal, asegura una fuente de alta jerarquía ligada al caso. La fuga a Uruguay en un vuelo comercial desde Aeroparque, mientras la investigación avanzaba, fue tan audaz como descuidada: la cámara de seguridad del aeropuerto registró el taxi que los llevó, el taxista declaró y eso permitió ubicar el departamento de Palermo donde los investigadores encontraron otros 12 kilos de droga.
Incluso la investigación de agentes de ARCA derivó en un tercer hallazgo en un departamento de Palermo, frente a la plaza Güemes. Los investigadores sospechan que en otros departamentos que habrían alquilado puede haber más cargamentos de cocaína. La hipótesis es la de una atomización del riesgo: no concentrar toda la carga en un solo lugar para reducir el impacto de un posible allanamiento. En los próximos días, ambos serán indagados por el juez Aguinsky, quien tendrá que reconstruir desde Argentina hasta dónde llegaba la red en Europa y quién esperaba los cargamentos del otro lado del Atlántico.