El sector más extremo del cristinismo endurece cada vez más su postura respecto al escenario electoral del año que viene y el proceso de reorganización del peronismo. Para La Cámpora y los dirigentes que orbitan a su alrededor no hay otro candidato a presidente posible que no sea Cristina Kirchner. Aunque esté condenada y detenida. Las expresiones se repiten en las voces más potentes del espacio con una regularidad que ya no deja margen para interpretaciones ambiguas.
El miércoles se encargó de marcarlo con una parábola histórica el diputado provincial Facundo Tignanelli, cuando comparó al gobernador bonaerense con el sindicalista Augusto Vandor. El entonces secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica fue asesinado por la izquierda peronista en 1969, acusado de traidor. Fue uno de los impulsores de lo que se denominó un peronismo sin Perón. La referencia no es inocente: en la historia del movimiento, Vandor es sinónimo de deslealtad y traición.
Tenemos historia de revertir las realidades que nos explican desde el posibilismo que no se puede. Soy de una familia peronista de La Matanza. Mis abuelos militaron la Resistencia Peronista creyendo y trabajando para que Perón vuelva, no para ver cómo encontraban una alternativa con Vandor, fue la explicación que dio Tignanelli durante una entrevista con Futurock. El diputado, que forma parte de la mesa chica de Máximo Kirchner, apuntó contra quienes ven como una utopía pensar que Cristina pueda ser candidata y buscan una alternativa.
Si Kicillof no es el candidato posible y tampoco lo es alguien del PJ Federal, a los que acusan de no tener fuerza para enfrentar a los poderes y de ser acomodaticios frente al círculo rojo, las posibilidades de un candidato aceptado se reducen en un gran porcentaje. O es CFK o es Máximo Kirchner. Mayra Mendoza fue la que mejor expresó la postura del sector en redes sociales: Hay una receta para cumplir con nuestras obligaciones como país, primero con la gente y luego el resto: CRISTINA LIBRE y KIRCHNER para la Argentina.
La tesis del camporismo es que Cristina Kirchner es la que más mide en las encuestas, la que conduce a la mayor parte del peronismo, la que tiene mayor experiencia y la que tiene mayor influencia en el electorado de la provincia de Buenos Aires. Esa lectura choca de frente con los datos de imagen que muestran una paridad entre Kicillof y la expresidenta a nivel nacional y una ventaja del gobernador en algunos segmentos del electorado más joven.
En el entorno de Kicillof leen la ofensiva camporista con una mezcla de fastidio y resignación. Creen que La Cámpora está desesperada y que cada ataque del cristinismo les hace, paradójicamente, un favor político al posicionarlo como víctima de una interna que él no buscó. Desde el Movimiento Derecho al Futuro sostienen que el gobernador avanza en su construcción federal mientras el cristinismo debate en términos de lealtades, conducción y visitas a San José 1111.
Para el camporismo no hay candidato que no sea Cristina Kirchner. Ahí está anclada su postura, su militancia política y su capacidad de negociación hacia adelante. Le reclaman a todas las vertientes del peronismo que levanten la bandera de la libertad y la inocencia de la expresidenta. Pero esa postura, en los hechos, y teniendo en cuenta la amplitud del peronismo a nivel nacional, la tiene un sector minoritario del movimiento político. La brecha entre la intensidad del cristinismo y su peso electoral real es el interrogante central que nadie en el peronismo puede todavía responder con certeza.