Los primeros incidentes se registraron cuando varias personas sobrepasaron la reja perimetral del Obelisco. A partir de ese momento comenzaron los enfrentamientos: botellas de vidrio y otros artículos volaron en dirección a los efectivos, que respondieron con gases lacrimógenos y lograron reducir a algunos de los agresores. Muchos se resistieron y escaparon en distintas direcciones sobre la avenida 9 de Julio.
La Infantería desplegó un camión hidrante que comenzó a circular por la intersección de Avenida 9 de Julio y Corrientes, activando los cañones de agua para disipar a los agresores. El recorrido abarcó desde Avenida Corrientes hasta al menos Avenida Belgrano y continuó en dirección hacia el sur de la Ciudad, donde empezaron a mermar los enfrentamientos.
En el medio hubo personas heridas. El episodio de mayor gravedad registrado por el SAME involucró a un hombre de 47 años que cayó desde una altura de aproximadamente cuatro metros en la intersección de Lavalle y Avenida 9 de Julio, con una luxofractura en el pie izquierdo que requirió traslado de urgencia. Otro caso de alta complejidad fue el de una mujer de 40 años que perdió el conocimiento y no logró recuperarse en el lugar. También se registraron múltiples situaciones de ingesta excesiva de alcohol y traumatismos de distinta consideración.
Un hombre recibió una patada en la cara de un individuo que pasaba corriendo. Lo retiró un grupo de personas que participaba de los enfrentamientos. Un hombre de 26 años presentó bradicardia e hipotensión y debió ser estabilizado por personal del SAME. La mezcolanza de violencia, alcohol y desesperación colectiva fue el denominador común de una noche que comenzó con llanto de tristeza y terminó con gases lacrimógenos sobre la avenida más ancha del mundo.
Antes de los hechos de violencia, numerosos hinchas habían salido con los rostros pintados de celeste y blanco. Cantaron y saltaron al ritmo de los bombos mientras los fuegos artificiales iluminaban el cielo. El subcampeonato de un equipo que llegó a la final siendo campeón defensor y que peleó hasta el final generó una mezcla de orgullo y bronca que en una franja minoritaria pero violenta derivó en lo que nadie quería ver. La Ciudad amaneció este lunes con las calles limpias de papeles pero con el recuerdo de una noche que empezó en la tristeza y terminó en el caos.