En una entrevista radial desde la Expo Rural, el presidente Javier Milei lanzó duras acusaciones contra el sistema financiero, señalando que “dos bancos” estuvieron directamente involucrados en una maniobra especulativa que provocó una corrida cambiaria. Sin mencionar nombres en público, fuentes oficiales apuntaron a Banco Macro y Banco Galicia como los principales responsables.
Según Milei, el detonante fue el desarme de las Letras de Facilidad (LEFI), un instrumento de liquidez que el Gobierno había creado tras eliminar las Leliq. El plan oficial era que los bancos migraran sus tenencias hacia Lecaps, pero en lugar de hacerlo gradualmente, concentraron la liquidación al final del plazo, liberando cerca de $9 billones que presionaron el tipo de cambio.
El mandatario sostuvo que las entidades financieras utilizaron cauciones bursátiles y títulos públicos como garantía para financiar la compra de dólares, lo que obligó al Banco Central a intervenir con tasas superiores al 40% anual. “Nosotros laburamos para la gente, no para los bancos”, afirmó Milei, en un tono confrontativo que también incluyó críticas a la oposición y a la vicepresidenta Villarruel, a quien calificó de “traidora”.
La reacción del mercado fue inmediata: el dólar oficial trepó a $1305, su valor más alto desde la salida del cepo. Esta suba se dio en medio de una licitación clave de deuda por hasta $14 billones, en la que el Gobierno necesita el apoyo de los mismos bancos que ahora acusa de desestabilizar la economía.
Desde el sector financiero, se cuestionó la narrativa oficial. Las principales asociaciones bancarias habían advertido por escrito al Ministerio de Economía sobre los riesgos del desarme de las LEFI, pero sus propuestas no fueron escuchadas. Analistas señalan que el Gobierno subestimó el impacto de liberar tanta liquidez sin un plan de absorción claro.
La escalada verbal de Milei, que incluyó insultos y acusaciones de complot, marca un nuevo capítulo en la tensión entre el Ejecutivo y el sistema financiero. Mientras tanto, la incertidumbre sobre el rumbo económico crece, y el dólar sigue siendo el termómetro de una crisis que no da tregua.