La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, presentó una denuncia explosiva en la Justicia federal: acusó al presidente de la AFA, Claudio Tapia, de formar parte de una “operación criminal” junto a espías rusos y venezolanos para intentar derrocar al Gobierno. En medio del revuelo, Lionel Messi visitó el predio de Ezeiza y se mostró sonriente junto a Tapia, en lo que muchos interpretaron como un respaldo simbólico al dirigente del fútbol argentino.
Tapia evitó responder directamente a la ministra. En cambio, publicó en su cuenta de X una serie de imágenes distendidas con Messi, acompañadas por el mensaje: “¡Qué alegría volver a verte, Leo querido!”. El gesto fue leído en la Casa Rosada como una jugada política sutil, que reactiva el temor del oficialismo a un enfrentamiento con el ídolo más popular del país.
La denuncia de Bullrich también menciona al canal de streaming Carnaval, donde se difundieron los audios atribuidos a Karina Milei. Según el escrito, el dueño del canal sería Pablo Toviggino, mano derecha de Tapia y opositor declarado al Gobierno. La ministra sostiene que detrás de las filtraciones hay una estrategia de inteligencia ilegal para condicionar el escenario electoral.
No es la primera vez que el Gobierno mide sus pasos frente a Messi. En noviembre de 2023, cuando se evaluaba intervenir la AFA para impulsar las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD), la posibilidad de un tuit negativo del capitán de la Selección Argentina fue suficiente para frenar la embestida. El astro rosarino conserva un peso simbólico que trasciende el deporte y se convierte en factor político.
Con la Selección próxima a enfrentar a Venezuela por las Eliminatorias, el encuentro entre Messi y Tapia se produce en un momento de máxima tensión institucional. Mientras la denuncia de Bullrich avanza en tribunales, el respaldo del 10 al presidente de la AFA vuelve a marcar límites en el tablero político. En el Gobierno, el temor a un Messi crítico sigue siendo una línea que nadie quiere cruzar.