La semana comenzó con una sacudida para los mercados financieros argentinos. El revés electoral del oficialismo en la provincia de Buenos Aires provocó un ajuste inmediato en el tipo de cambio y un desplome generalizado de los activos locales. El dólar mayorista trepó hasta los $1.450, un salto del 7% respecto al cierre previo, acercándose al techo de la banda de flotación. En el segmento minorista, la divisa también registró incrementos de entre 5% y 7%, mientras que los dólares financieros acompañaron la tendencia alcista.
En Wall Street, los ADR argentinos sufrieron caídas de dos dígitos, con bancos y energéticas liderando las pérdidas. Grupo Galicia retrocedió más de 23%, Banco Macro cayó 17,5% y Banco Supervielle perdió 16,8%. Entre las energéticas, YPF se hundió casi 15%, Transportadora de Gas del Sur retrocedió cerca de 20% y Pampa Energía bajó más de 13%. El derrumbe también alcanzó a compañías del sector construcción y agro, como Loma Negra y Cresud, que cedieron entre 8% y 13%.
En la Bolsa porteña, el S&P Merval abrió con bajas generalizadas y llegó a retroceder más de 12% en pesos, con un impacto aún mayor medido en dólares. Los bonos soberanos bajo legislación de Nueva York también sufrieron fuertes ventas, con pérdidas de hasta 10% en algunos tramos, lo que impulsó al riesgo país por encima de los 1.000 puntos básicos, un nivel que no se veía desde hacía meses.
Analistas del mercado señalaron que la reacción responde a la combinación de incertidumbre política y dudas sobre la continuidad del programa económico. La derrota del oficialismo en un distrito clave alimentó especulaciones sobre cambios en el gabinete y en la estrategia fiscal, aunque desde el Gobierno ratificaron que no habrá modificaciones en el rumbo económico. Sin embargo, la presión cambiaria y la caída de los activos reflejan la cautela de los inversores frente al nuevo escenario.
La jornada dejó en claro que el vínculo entre política y economía sigue siendo determinante para la estabilidad financiera. Con un calendario electoral que aún no ha concluido y un contexto internacional volátil, el desafío para el Gobierno será recuperar la confianza de los mercados y contener la tensión cambiaria. De lo contrario, el impacto podría trasladarse a la inflación y al nivel de actividad en los próximos meses, profundizando la fragilidad macroeconómica.