09 de Febrero de 2026
Internacionales / 26-09-2025

Drones ucranianos atacaron una refinería clave en el sur de Rusia y golpearon la logística militar de Moscú





La planta de Afipsky, en Krasnodar, sufrió un incendio tras el impacto de drones ucranianos. El complejo es estratégico para el suministro de combustible al Ejército ruso y su parálisis profundiza la crisis energética interna.


En la madrugada del viernes, drones ucranianos impactaron contra la refinería Afipsky, ubicada en la región rusa de Krasnodar Krai, uno de los centros de refinado más importantes del sur del país. El ataque provocó un incendio en una de las unidades de producción, que fue controlado por los equipos de emergencia, pero obligó a detener parte de las operaciones.

La refinería procesa cerca de 9,1 millones de toneladas de crudo al año, lo que representa más del 2% de la capacidad nacional. Su ubicación, a menos de 200 kilómetros de la línea de frente, la convierte en un punto neurálgico para el abastecimiento de diésel y queroseno de aviación a las fuerzas armadas rusas desplegadas en Ucrania.

De acuerdo con la consultora Energy Aspects, los ataques ucranianos contra instalaciones petroleras rusas desde agosto redujeron la capacidad de refinado en más de 1 millón de barriles diarios, lo que equivale a una caída del 17% en la producción total. Esto ya provocó que más de 300 estaciones de servicio en distintas regiones dejaran de operar y que se impusieran límites de compra de entre 10 y 20 litros por persona.

El impacto también se siente en los precios internos: la gasolina en Rusia aumentó entre un 40% y un 50% desde comienzos de año, generando malestar social y complicaciones logísticas en territorios ocupados como Crimea y Sebastopol, donde la mitad de las estaciones de servicio dejaron de vender combustible.

El Ministerio de Defensa ruso aseguró haber interceptado 55 drones en distintas regiones durante la misma jornada, aunque reconoció que varios lograron alcanzar objetivos estratégicos. Para Ucrania, estos ataques forman parte de una estrategia de desgaste que busca limitar la capacidad de Moscú de sostener su ofensiva militar y, al mismo tiempo, golpear una de sus principales fuentes de ingresos: la exportación de hidrocarburos.

La refinería Afipsky había completado recientemente una ampliación millonaria para modernizar su producción, pero los repetidos ataques —ya había sido alcanzada en agosto— ponen en duda su operatividad futura. El episodio confirma que la guerra se libra no solo en el frente, sino también en la retaguardia económica y energética de Rusia.

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