En un contexto de creciente tensión financiera, el ministro de Economía Luis Caputo emprendió un viaje urgente a Washington con el objetivo de reactivar el plan de rescate económico que impulsa el Gobierno a través del fondo de inversión liderado por Damon Bessent. La operación, que busca inyectar dólares al país sin pasar por el FMI, enfrenta obstáculos técnicos y políticos que amenazan su viabilidad.
Caputo mantuvo reuniones con funcionarios del Departamento del Tesoro estadounidense, del Fondo Monetario Internacional y con representantes del sector privado. El objetivo fue destrabar las condiciones regulatorias que impiden avanzar con el esquema de financiamiento, que incluye garantías sobre activos argentinos y un marco de supervisión internacional.
La urgencia del viaje responde al deterioro de los indicadores económicos locales y a la falta de avances concretos en la negociación con el FMI. En paralelo, el Gobierno enfrenta presiones internas por el ajuste fiscal y por la caída de reservas, lo que vuelve imprescindible conseguir dólares frescos para evitar una nueva corrida cambiaria.
El plan de Bessent, presentado como una alternativa “de mercado” al financiamiento tradicional, ha generado resistencias en sectores del Congreso y del propio staff del FMI, que cuestionan la transparencia y la sustentabilidad del esquema. Caputo intenta mostrar que el Gobierno aún tiene margen de maniobra y capacidad de interlocución internacional.
En términos políticos, el viaje también busca reforzar la figura de Caputo como pieza clave del gabinete económico, en momentos donde la conducción presidencial enfrenta críticas por la falta de resultados. La apuesta por Bessent se convierte así en una prueba de fuego para el modelo libertario, que busca sostenerse sin recurrir a los mecanismos clásicos de financiamiento multilateral.