La Confederación General del Trabajo (CGT) realizó un plenario en la sede de la UOCRA con la participación de más de sesenta sindicatos de distintos sectores. El objetivo fue comenzar a delinear la postura frente a la reforma laboral que impulsa Javier Milei y preparar el congreso de renovación de autoridades previsto para la próxima semana. En un clima de autocrítica tras la derrota electoral del peronismo, la conducción cegetista insistió en que la única forma de enfrentar los cambios propuestos es con un frente sindical cohesionado.
Durante la reunión, los dirigentes coincidieron en que “no hay lugar para el unicato” y que la conducción debe mantenerse bajo el esquema de triunvirato, con representación de las distintas corrientes internas y con cupo femenino. La idea de unificar fuerzas se repitió en varios discursos, en los que se advirtió que la fragmentación debilitaría la capacidad de negociación frente al Gobierno y el Congreso.
La nota discordante fue la ausencia del gastronómico Luis Barrionuevo y de los gremios alineados con su espacio, entre ellos el actual triunviro Carlos Acuña. Según trascendió, el faltazo respondió a diferencias sobre la futura integración de la conducción y a negociaciones paralelas por lugares de poder. La ausencia fue leída como un gesto de distanciamiento en un momento en que la central buscaba mostrar cohesión.
Más allá de las tensiones, la CGT definió una estrategia múltiple: mantener el diálogo en el Consejo de Mayo, abrir canales con gobernadores y legisladores, explorar la vía judicial y no descartar medidas de fuerza si el Gobierno avanza sin consensos. La consigna fue clara: “dar batalla en todos los frentes” para frenar una reforma que, según los gremios, amenaza derechos laborales históricos.
El plenario dejó en evidencia que la unidad sindical sigue siendo un desafío. Mientras la mayoría de los gremios apuesta a sostener el triunvirato y cerrar filas frente a la reforma, la ausencia de Barrionuevo mostró que las disputas internas persisten. El congreso de renovación de autoridades será la próxima prueba de fuego para una CGT que busca mostrarse fuerte y cohesionada en un escenario político adverso.