La inminente salida de Luis Petri del Ministerio de Defensa, prevista para el 10 de diciembre cuando asuma su banca como diputado nacional por Mendoza, abrió un escenario de especulaciones en la Casa Rosada. La vacante en Defensa no solo implica un cambio de gabinete, sino también la posibilidad de reacomodar la conducción de las Fuerzas Armadas y redefinir prioridades en materia de equipamiento y estrategia militar.
En el oficialismo reconocen que se trata de un ministerio clave, tanto por su peso institucional como por los compromisos internacionales asumidos en materia de cooperación y modernización de las fuerzas. Por eso, la danza de nombres comenzó a intensificarse en los últimos días.
Según trascendió, Luciana Carrasco, actual jefa de Gabinete de Petri, es la opción preferida del propio ministro saliente. Su continuidad garantizaría que no se frene la gestión iniciada en 2023, especialmente en lo referido a la incorporación de los aviones F-16 y otros programas de reequipamiento.
Otra alternativa que gana espacio es la del brigadier Xavier Isaac, jefe del Estado Mayor Conjunto, quien cuenta con respaldo de sectores militares y de la vicepresidenta Karina Milei. Su eventual designación marcaría un giro hacia un perfil más técnico y con fuerte ascendencia en las fuerzas.
En paralelo, también suena el nombre de Federico Pinedo, ex presidente provisional del Senado y dirigente con experiencia en temas de defensa. Aunque corre desde atrás, su perfil político podría aportar equilibrio en un gabinete que busca reforzar la relación con el Congreso.
La definición final quedará en manos del presidente Javier Milei, que hasta ahora se mostró hermético respecto a los cambios. Lo cierto es que la salida de Petri no solo abre un interrogante sobre quién ocupará el sillón de Defensa, sino también sobre el rumbo que tomará la política militar en los próximos años.
Mientras tanto, en los pasillos oficiales se repite una certeza: el sucesor deberá enfrentar un doble desafío. Por un lado, sostener la modernización de las Fuerzas Armadas en un contexto de restricciones presupuestarias. Por el otro, recomponer la confianza con una tropa que observa con atención cada movimiento en la cúpula del poder.