El escenario político bonaerense se sacudió tras la difusión de un comunicado firmado por el gobernador Axel Kicillof junto a un grupo de intendentes kirchneristas en respaldo a Julio De Vido, exministro de Planificación Federal condenado por corrupción. La decisión generó polémica y abrió un debate sobre los límites de la defensa política frente a figuras que arrastran condenas judiciales.
Entre los firmantes se encuentran dirigentes de peso en el Conurbano: Gustavo Menéndez (Merlo), Mariel Fernández (Moreno), Facundo Diz (Navarro), Ricardo Curutchet (Marcos Paz), Fernando Espinoza (La Matanza), Pablo Descalzo (Ituzaingó), Juan José Mussi (Berazategui) y Mayra Mendoza (Quilmes). Todos ellos acompañaron al gobernador en la postura de cuestionar lo que consideran una “persecución judicial” contra referentes del kirchnerismo.
El comunicado, difundido en redes y replicado en medios, plantea que las causas contra De Vido forman parte de un entramado de “lawfare” que afectó a distintos dirigentes del espacio. En ese marco, los intendentes remarcaron la necesidad de “defender la democracia y la soberanía popular” frente a lo que interpretan como un uso político de la Justicia.
La reacción no tardó en llegar: sectores opositores señalaron que el respaldo a De Vido es un mensaje equivocado en tiempos donde la sociedad reclama transparencia y ética pública. “Defender a un condenado por corrupción erosiona la credibilidad de quienes dicen representar la renovación política”, remarcaron voces críticas desde la oposición bonaerense.
Dentro del peronismo, la postura también generó matices. Algunos dirigentes consideran que el gesto fortalece la unidad interna frente a los embates judiciales, mientras otros advierten que puede aislar al kirchnerismo de la agenda ciudadana, más enfocada en la crisis económica y en la demanda de gestión concreta.
La polémica deja planteado un interrogante de fondo: ¿hasta dónde puede llegar la defensa política cuando se trata de dirigentes con condena firme? En un momento en que el oficialismo bonaerense busca consolidar su liderazgo territorial, el respaldo a De Vido tensiona la relación entre ética pública, lealtades partidarias y estrategia política.