El gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, dio un paso clave en su estrategia nacional al convocar a sus pares Osvaldo Jaldo (Tucumán), Raúl Jalil (Catamarca), Hugo Passalacqua (Misiones) y Gerardo Zamora (Santiago del Estero) a una reunión en la Casa de Salta en Buenos Aires. El encuentro, realizado a días de la jura de los nuevos legisladores, funcionó como una demostración de fuerza frente al bloque kirchnerista y dejó en claro que los mandatarios provinciales buscan consolidar un polo propio en el Congreso.
La idea que circula entre los gobernadores es la conformación de un interbloque federal en Diputados y el Senado, con capacidad de negociar lugares en la Auditoría General de la Nación y en las comisiones estratégicas. Se trata de un armado que, más allá de las diferencias partidarias, tiene como objetivo común despegarse de la conducción de Cristina Kirchner y ganar autonomía en la relación con la Casa Rosada.
Cristina, consciente del riesgo de fuga, intentó contener a los dirigentes con gestos políticos: recibió al tucumano Pablo Yedlin tras la incorporación del kirchnerista Javier Noguera a la bancada de Jaldo, y también al riojano Ricardo Quintela. Sin embargo, la tensión se mantiene y el bloque peronista enfrenta la posibilidad de una fractura que debilite su capacidad de incidencia parlamentaria.
En términos políticos, la movida de Sáenz y sus aliados refleja un reordenamiento del mapa de poder dentro del peronismo. Los gobernadores buscan instalarse como actores centrales en la negociación legislativa, con capacidad de condicionar tanto al kirchnerismo como al oficialismo de Milei. La reunión en la Casa de Salta fue, en ese sentido, un gesto de unidad y de advertencia: los mandatarios provinciales no están dispuestos a quedar subordinados a la estrategia de Cristina.