El escenario político en el Senado bonaerense muestra un retroceso en la capacidad de influencia de los gobernadores no kirchneristas. Pese a los intentos de instalar una agenda propia y condicionar las decisiones del oficialismo, el bloque peronista se mantuvo unido y evitó cualquier quiebre interno.
La estrategia de los mandatarios provinciales apuntaba a sumar voluntades para equilibrar la correlación de fuerzas y obtener mayor margen de negociación en temas sensibles, como la distribución de recursos y la definición de políticas públicas. Sin embargo, las diferencias internas y la falta de un liderazgo común limitaron el alcance de esa iniciativa.
El peronismo, por su parte, logró sostener la cohesión de su bancada y mostró capacidad de disciplina política. Esa fortaleza le permitió bloquear intentos de fragmentación y consolidar su rol como actor central en la dinámica legislativa, incluso frente a un contexto de tensiones económicas y sociales.
Analistas señalan que la pérdida de peso de los gobernadores no kirchneristas en el Senado refleja también la dificultad de articular un proyecto alternativo con volumen político suficiente. La ausencia de acuerdos estratégicos y la dispersión de intereses provinciales debilitaron la posibilidad de construir un frente sólido frente al oficialismo.
De esta manera, el bloque peronista no solo conserva su capacidad de decisión en el Senado, sino que además refuerza su posición de negociación con los distintos actores políticos. El resultado deja a los gobernadores no kirchneristas en un lugar secundario, obligados a repensar su estrategia para ganar incidencia en un escenario legislativo que, por ahora, sigue dominado por la unidad del peronismo.