01 de Septiembre de 2026
Nacionales / 09-12-2025

Nafta por las nubes: el impuesto al combustible dispara precios para financiar rutas y transporte





La suba del tributo impactó de lleno en los surtidores y generó malestar entre automovilistas y transportistas. El Gobierno defiende la medida como necesaria para sostener la infraestructura y el sistema de movilidad.

En la primera semana de diciembre, el precio de la nafta súper en las estaciones de servicio argentinas superó los $2.000 por litro, un récord histórico que encendió la alarma entre consumidores y empresarios del transporte. La causa principal fue la actualización del Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL) y al Dióxido de Carbono (IDC), que el Gobierno había mantenido congelados durante meses para evitar un mayor impacto en la inflación.

La medida, oficializada a través del Decreto 840/2025, busca generar recursos para arreglar rutas nacionales y subsidiar el transporte público urbano e interurbano. Sin embargo, el traslado inmediato de la suba impositiva al precio final generó un fuerte malestar en los surtidores, donde los usuarios se enteran de los aumentos recién al momento de cargar combustible.

El impacto no se limita a los automovilistas particulares. Según la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (FADEEAC), los costos del transporte acumulan un aumento del 34% en lo que va de 2025, impulsados principalmente por el combustible. Esto repercute directamente en la cadena logística y en los precios de bienes de consumo, profundizando la presión inflacionaria.

El Gobierno argumenta que la actualización era inevitable para nivelar los precios internos con los valores internacionales y evitar distorsiones en el mercado. Además, sostiene que los fondos recaudados permitirán mejorar la red vial y sostener subsidios al transporte, considerados esenciales para garantizar la conectividad y la movilidad de millones de argentinos.

No obstante, la comparación internacional genera controversia. Mientras en Argentina el litro de nafta supera los USD 1,36, en Estados Unidos cuesta apenas USD 0,80. Esta diferencia alimenta el debate sobre la carga impositiva y la falta de competitividad en el sector energético local.

El escenario plantea un dilema: cómo equilibrar la necesidad de financiamiento para infraestructura y transporte con el impacto directo en el bolsillo de los ciudadanos. Lo cierto es que, con aumentos casi semanales en los surtidores, la nafta se convirtió en un nuevo símbolo de la tensión entre las urgencias fiscales del Estado y la capacidad de pago de la sociedad.

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