La ola de frío polar que azota al noreste de Estados Unidos se convirtió en una de las tormentas más devastadoras de los últimos años. Según reportes oficiales, al menos 30 personas murieron como consecuencia de las intensas nevadas, las temperaturas extremas y los accidentes derivados de las condiciones climáticas.
Los estados más afectados son Nueva York, Pensilvania, Ohio y Massachusetts, donde las carreteras permanecen bloqueadas y miles de vuelos fueron cancelados. En Buffalo, Nueva York, se registraron acumulaciones de nieve superiores a los 120 centímetros, lo que obligó a cerrar accesos y suspender el transporte público.
El impacto también alcanzó al sistema energético. Más de 500.000 hogares quedaron sin electricidad en distintos puntos del país, mientras cuadrillas trabajan a contrarreloj para restablecer el servicio en medio de temperaturas que rondan los -20 grados Celsius. Las autoridades locales advirtieron que la situación podría prolongarse varios días.
El presidente estadounidense pidió a la población extremar precauciones y evitar desplazamientos innecesarios. En tanto, la Guardia Nacional fue desplegada en varios estados para asistir a los damnificados y colaborar en tareas de rescate. Las imágenes de vehículos atrapados en la nieve y familias aisladas en sus casas reflejan la magnitud de la emergencia.
Los meteorólogos anticipan que el temporal continuará durante la semana, con nuevas nevadas y temperaturas extremas en gran parte del noreste y el medio oeste. La tormenta, catalogada como “histórica” por el Servicio Meteorológico Nacional, deja en evidencia la vulnerabilidad de las infraestructuras frente a fenómenos climáticos cada vez más severos.