México vivió una jornada histórica con la captura y muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, considerado el capo narco más poderoso del país. El operativo, encabezado por fuerzas federales y el Ejército, incluyó el despliegue de drones, tanques y helicópteros artillados, y se convirtió en uno de los más grandes en la lucha contra el narcotráfico.
La ofensiva se desarrolló en Jalisco y Michoacán, pero rápidamente se extendió a otros estados. Hubo bloqueos de rutas, ataques armados y enfrentamientos que paralizaron ciudades enteras. En redes sociales circularon videos de extrema violencia, incluyendo decapitaciones filmadas, que reflejan la brutalidad con la que el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) intentó resistir.
“El Mencho” llevaba más de 30 años al frente de una organización que se expandió a nivel internacional, disputando territorios con el Cártel de Sinaloa y convirtiéndose en uno de los principales proveedores de drogas hacia Estados Unidos. Su caída abre un vacío de poder que genera incertidumbre sobre el futuro del narcotráfico en México.
Analistas advierten que la ausencia de su liderazgo podría desencadenar una guerra interna entre facciones del CJNG y otros grupos rivales. El Gobierno mexicano, por su parte, celebró el operativo como un golpe histórico, aunque reconoció que el desafío ahora será contener la violencia que pueda derivarse de la sucesión.
La captura de “El Mencho” marca un hito en la política de seguridad mexicana, pero también expone la magnitud del problema: un país atravesado por la violencia narco, con estructuras criminales que han demostrado capacidad de adaptación y resistencia frente a los embates del Estado.