14 de Mayo de 2026
De todo un poco / 26-03-2026

Rostros de la Historia en Zeta: Lisandro de la Torre, el fiscal de la República frente a los monopolios





De la fundación del PDP al estallido del “Escándalo de las Carnes”. Un recorrido por la vida de un parlamentario brillante que transformó el Senado en una trinchera contra la corrupción de la Década Infame.

Abogado rosarino, fundador del Partido Demócrata Progresista y parlamentario implacable, Lisandro de la Torre (6 de diciembre de 1868 – 5 de enero de 1939) representa el estándar ético de la política argentina del siglo XX. Su figura, marcada por una soledad altiva y una oratoria demoledora, se erigió como la principal muralla contra la corrupción y los acuerdos espurios de la “Década Infame”.

Nacido en Rosario en 1868, De la Torre mostró desde temprano un interés profundo por la organización civil; su tesis doctoral sobre el régimen municipal ya perfilaba su obsesión por la autonomía de los pueblos y la descentralización del poder. Aunque participó en la Revolución del 90, sus diferencias con Hipólito Yrigoyen lo llevaron a alejarse del tronco radical para fundar el Partido Demócrata Progresista (PDP), buscando una alternativa liberal, laica y moderna.

Al igual que otros grandes cuadros de su tiempo, utilizó la prensa como trinchera. Fundó el diario La República en Rosario, desde donde dio batalla a lo que él consideraba el caudillismo conservador y la ineficiencia administrativa. Para Lisandro, el periodismo y la política eran dos caras de una misma moneda: la pedagogía ciudadana.

Su momento de mayor relieve —y drama— ocurrió en el Senado durante la década de 1930. Allí encabezó la investigación sobre el comercio de carnes, denunciando cómo los frigoríficos extranjeros, con la complicidad del gobierno nacional, evadían impuestos y asfixiaban a los productores locales. Este debate, conocido como “el escándalo de los frigoríficos”, alcanzó niveles de tensión cinematográficos y culminó en 1935 con el asesinato de su amigo y compañero de banca, Enzo Bordabehere, en pleno recinto del Senado.

En el plano ideológico, De la Torre fue un adelantado. Defendió el voto femenino, la separación de la Iglesia y el Estado, y una política económica que protegiera la producción nacional frente a los monopolios. Sin embargo, ese mismo rigor lo llevó a un aislamiento político creciente, sintiéndose derrotado por un sistema que parecía premiar la trampa sobre la virtud.

Agotado por las decepciones políticas y el avance de un mundo que ya no comprendía, se quitó la vida el 5 de enero de 1939 en Buenos Aires. Dejó una carta de despedida que es, en sí misma, un manifiesto sobre la integridad: “Deseo que mis cenizas sean arrojadas al viento... me parece una forma de volver a la nada, que es el destino común”.

Hoy, la figura de Lisandro de la Torre es recordada como el “Fiscal de la Nación”. Su legado sigue vigente en cada debate sobre la ética en la función pública, la defensa de los intereses locales frente a los globales y la necesidad de una prensa que no tema incomodar al poder de turno.

Sugerencias de lectura

  • Félix Luna, Lisandro de la Torre (una biografía clásica que analiza su psicología y su tiempo).
  • Osvaldo Bayer, En los pagos de Pinas (sobre su vida en el campo y su faceta más humana).
  • Registro del debate de las carnes en el Diario de Sesiones del Senado (para entender la potencia de su oratoria).

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