La Basílica de Luján fue escenario de la misa central por el primer aniversario de la muerte del Papa Francisco. El acto, convocado por la Conferencia Episcopal, reunió a dirigentes de todo el arco político y se convirtió en una postal de convivencia forzada entre oficialismo y oposición.
La vicepresidenta Victoria Villarruel había confirmado su asistencia como máxima autoridad del país en ausencia de Javier Milei, pero decidió no participar al enterarse de que debía compartir la primera fila con Manuel Adorni y otros ministros. Su entorno explicó que prefirió evitar una “foto incómoda” y optó por rendir homenaje en otra iglesia porteña.
En la primera fila de la Basílica se ubicaron Adorni, el ministro del Interior Diego Santilli, el presidente de Diputados Martín Menem y el presidente provisional del Senado Bartolomé Abdala. Más atrás se sentaron Federico Sturzenegger, Carlos Presti, Alejandra Monteoliva y Mario Lugones, entre otros funcionarios nacionales.
Villarruel justificó su ausencia señalando que la ceremonia “se había politizado” y que prefería estar “entre la gente” en un homenaje más austero. “Me pareció que estaba lo peor de la casta política. Soy coherente con mis creencias”, declaró tras participar de una misa en la Basílica María Auxiliadora, donde fue bautizado Bergoglio.
Del lado opositor, Axel Kicillof encabezó la delegación bonaerense acompañado por Wado de Pedro, Walter Correa y Florencia Saintout. La presencia del gobernador sumó un condimento político adicional, en un contexto de tensiones con el Gobierno nacional por la gestión de recursos y políticas sociales.
La homilía estuvo a cargo del arzobispo de Mendoza, Marcelo Colombo, quien llamó a superar divisiones y a valorar el legado del Papa argentino. Sin embargo, el clima político se impuso sobre el religioso, con gestos medidos y ausencia de saludos entre oficialistas y opositores.
La misa en Luján, que debía ser un homenaje espiritual, terminó siendo un reflejo de la fragmentación política argentina. La ausencia de Villarruel y la convivencia forzada entre Adorni y Kicillof dejaron en claro que las tensiones internas y externas atraviesan incluso los actos de unidad simbólica.