El presidente chino, Xi Jinping, abrió la primera reunión en Pekín con su homólogo Donald Trump pidiendo a Estados Unidos ser socios y no rivales, mientras que el mandatario estadounidense confió que ambos gigantes tendrán un futuro fantástico juntos. La cumbre, celebrada este jueves en el Gran Palacio del Pueblo, fue la primera visita de Estado de un presidente estadounidense a suelo chino en casi una década.
Trump llegó al Gran Palacio del Pueblo a las 10:01 hora local y ambos líderes se estrecharon la mano durante varios segundos, en un saludo prolongado pero contenido, antes de saludar a las respectivas delegaciones. Tras varias salvas de cañones y honores militares, intercambiaron breves palabras a los pies del complejo, mientras Xi parecía explicarle algunos lugares clave de la imponente plaza de Tiananmen. La ceremonia buscó proyectar una imagen de estabilidad bilateral ante el mundo.
Xi subrayó en sus declaraciones iniciales que los intereses comunes de China y EE.UU. superan sus diferencias, y también felicitó a Trump por el 250 aniversario de la independencia de su país, recordándole que era la primera vez en nueve años que visitaba la ciudad. Trump, fiel a su estilo, afirmó que esta sería probablemente la mayor cumbre de la historia.
Dado que la tregua comercial temporal entre ambos líderes expira en noviembre, los aranceles serán un tema central de la cumbre. En el punto álgido de la guerra comercial los gravámenes sobre productos chinos llegaron al 145%, pero conversaciones posteriores los redujeron a niveles de dos dígitos. Una cumbre celebrada en Corea del Sur el pasado octubre prorrogó las reducciones durante un año más.
Xi planteó el delicado tema de Taiwán durante las conversaciones, subrayando que es el asunto más importante en la relación bilateral. El líder chino advirtió que si no se maneja adecuadamente, los dos países podrían chocar o incluso entrar en conflicto, llevando toda la relación a una situación muy peligrosa. Pekín reiteró además su rechazo frontal a la venta de armamento estadounidense a la isla.
El segundo gran eje de la cumbre fue tecnológico. Estados Unidos mantiene restricciones sobre semiconductores avanzados y tecnologías vinculadas a inteligencia artificial, mientras que China conserva una de sus bazas más poderosas: el control de buena parte de la cadena de suministro de minerales críticos y tierras raras, imprescindibles para defensa, electrónica y telecomunicaciones. La presencia en la delegación estadounidense de Tim Cook, Elon Musk y Jensen Huang subrayó el peso de ese eje en la agenda.
La guerra con Irán también dominó parte de la agenda. El conflicto provocó el cierre de facto del estrecho de Ormuz, dejando varados buques que transportan petróleo y gas, y disparando los precios de la energía a niveles que podrían afectar el crecimiento mundial. Trump llega a Pekín buscando algún grado de colaboración china para estabilizar la situación, dado el peso de Pekín como socio estratégico de Teherán. Un encuentro con resultados parciales pero con el tono diplomático como señal de que ambas potencias, por ahora, prefieren el diálogo a la confrontación abierta.