El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que suspendió un ataque militar planeado contra Irán porque existe una "muy buena posibilidad" de alcanzar un acuerdo con ese país, aunque advirtió que Estados Unidos sigue preparado para lanzar un asalto a gran escala si las conversaciones fracasan. El anuncio, hecho desde la Casa Blanca, sacudió los mercados internacionales y generó un alivio inmediato en los precios del petróleo, que venían presionados por el cierre del Estrecho de Ormuz.
Trump explicó que Arabia Saudí, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y otros aliados le habían pedido que aplazara el ataque militar planeado para este martes "dos o tres días", porque creen que están "muy cerca de lograr un acuerdo". "Parece haber una muy buena posibilidad de que puedan llegar a un acuerdo. Si podemos lograrlo sin bombardearlos sin piedad, me alegraría mucho", declaró el mandatario ante periodistas. Las monarquías del Golfo cumplieron así un rol central de mediación que ningún actor occidental había logrado asumir en las semanas previas.
La reciente propuesta de Irán a Estados Unidos exige el levantamiento de las sanciones contra Teherán, la liberación de fondos iraníes congelados y el fin del bloqueo marítimo sobre el país. La propuesta también incluye el fin de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano, la retirada de las fuerzas estadounidenses de las zonas cercanas a Irán y compensaciones para cubrir la destrucción causada por la guerra. Una lista de condiciones que Washington consideró hasta hace días inaceptable y que ahora está revisando con otros ojos.
"Se están llevando a cabo negociaciones serias" para alcanzar un acuerdo que ponga fin a la guerra en Irán, dijo Trump, y reiteró su optimismo de que se pueda llegar a un pacto que incluya como condición innegociable que Irán no obtenga armas nucleares. Al mismo tiempo, ordenó a altos funcionarios del Pentágono que "estén preparados para lanzar un ataque a gran escala contra Irán, en cualquier momento, en caso de que no se alcance un acuerdo aceptable". La doble señal —diálogo y amenaza simultáneos— es el sello característico de la diplomacia Trump.
La tensión en torno al Estrecho de Ormuz es el telón de fondo que explica la urgencia. El Estrecho de Ormuz, por donde transita más del 20% del crudo mundial, lleva dos semanas bloqueado por la Armada iraní en represalia por los bombardeos estadounidenses sobre infraestructura militar de Teherán. El efecto sobre los precios de la energía y las cadenas logísticas globales aceleró la presión de los países del Golfo para que Washington frenar la escalada militar.
Trump añadió que cualquier acuerdo que se alcance incluirá, de manera fundamental, la prohibición de armas nucleares para Irán. "Este acuerdo incluirá, fundamentalmente, ¡NO ARMAS NUCLEARES PARA IRÁN!", escribió en su cuenta de Truth Social. Por su parte, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, reiteró que la república islámica nunca ha buscado desarrollar armas nucleares, aunque denunció que la desconfianza hacia Washington frena las conversaciones. La brecha entre ambas posiciones sigue siendo ancha, pero por primera vez en semanas el camino diplomático parece más transitado que el militar.
El episodio marca un giro notable en la política exterior de Trump, que desde el inicio del conflicto había apostado a la presión máxima. Apenas días atrás, tras su cumbre con Xi Jinping en China, el mandatario había endurecido el tono: "No voy a ser mucho más paciente. Deberían llegar a un acuerdo", declaró ante Fox News, vinculando la urgencia a incidentes marítimos atribuidos a fuerzas iraníes frente a las costas de Emiratos Árabes Unidos. El giro de las últimas 48 horas muestra que la diplomacia del Golfo logró lo que la presión militar no había conseguido: sentar a las partes a negociar en serio.