La Armada Argentina y Estados Unidos firmaron una Carta de Intención para desarrollar un programa de cooperación militar orientado al fortalecimiento de las capacidades de vigilancia y control de los espacios marítimos argentinos, en el marco de una iniciativa de asistencia del Departamento de Defensa de Estados Unidos con una duración de cinco años, que incluye la provisión de dos aviones nuevos para patrullaje y drones. El acuerdo fue suscripto en la Base Aeronaval Comandante Espora, en Bahía Blanca, y confirmado oficialmente por el Gobierno argentino y la Embajada de Estados Unidos, según informó Infobae.
El acuerdo fue rubricado por el jefe del Estado Mayor General de la Armada, Juan Carlos Romay, y el contraalmirante Brandon Sardiello, en representación de las Fuerzas Navales del Comando Sur y la Cuarta Flota de Estados Unidos, en un contexto de profundización de los vínculos bilaterales durante la gestión de Javier Milei. Desde la Embajada estadounidense denominaron al programa como "Protecting Global Commons" y destacaron la "relación estratégica" entre ambos países como fundamento de la iniciativa.
El eje principal del programa será la incorporación de dos aeronaves Textron B-360ER MPA nuevas destinadas a tareas de patrullaje marítimo, vigilancia oceánica y reconocimiento aeronaval ISR. Según el cronograma previsto, el primer avión llegará en diciembre de 2026 y el segundo será entregado a mediados de 2027. Las aeronaves estarán equipadas con radar de búsqueda de superficie, sensores infrarrojos, sistema AIS de identificación automática de buques, comunicaciones satelitales, enlaces de datos y sistemas integrados de comando y control.
El acuerdo también contempla la modernización de un Beechcraft B-200M Cormorán de la Armada Argentina, al que se incorporaron una cámara multiespectral, nuevos sistemas de comunicaciones y equipamiento de comando y control. Se integró además el sistema Wescam MX-10, una plataforma de vigilancia electroóptica e infrarroja destinada al reconocimiento, identificación y seguimiento de embarcaciones en operaciones marítimas. Una tecnología que Estados Unidos ya había donado a la Armada en agosto de 2025 y que ahora queda integrada en un marco de cooperación mucho más amplio.
Otro componente del convenio es la incorporación de vehículos aéreos no tripulados VTOL —drones de despegue y aterrizaje vertical— que podrán operar desde los patrulleros oceánicos de la Armada, lo que permitirá ampliar la vigilancia embarcada sobre el Atlántico Sur. También se incluye un simulador destinado a las aeronaves P-3C Orión recientemente incorporadas por la Argentina, una de las plataformas de exploración marítima de largo alcance más utilizadas por la Aviación Naval.
El acuerdo no estuvo exento de polémica. Para la oposición, el convenio implica una nueva entrega de soberanía que refuerza el alineamiento geopolítico del Gobierno con Washington. La denominación misma del programa generó rispideces: la iniciativa fue impulsada bajo el paraguas del "Programa para la Protección de los Bienes Comunes Globales", lo que motivó críticas de distintos sectores que rechazaron la definición. "El Mar Argentino no es un bien común global", fue la frase que condensó el cuestionamiento de quienes se oponen al acuerdo.
Desde la llegada de Javier Milei al gobierno, la política exterior argentina mostró un acercamiento explícito hacia Estados Unidos en temas estratégicos, económicos y militares, que comenzó a reflejarse en acuerdos vinculados a la modernización militar, interoperabilidad y cooperación tecnológica. El convenio firmado en Espora es el eslabón más visible de esa cadena: un programa quinquenal que pone al Atlántico Sur en el centro de la agenda de defensa bilateral y que, según el Gobierno, apunta a combatir la pesca ilegal, el narcotráfico marítimo y otras amenazas en la Zona Económica Exclusiva argentina.