"Todo sigue igual", definió, con un dejo de resignación, uno de los miembros del reducido círculo que el martes volvió a reunirse en Casa Rosada luego de la escalada virtual entre el asesor presidencial, Santiago Caputo, y el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem. Dos semanas después del explosivo mensaje en X, período en el que el presidente Javier Milei repartió gestos, fotos y mensajes hacia ambos sectores, la administración libertaria parece haber ganado aire, pero postergado el principal problema que arrastra desde hace meses.
Pese a las diferencias que parecen proliferar, en el oficialismo hay coincidencias en que el mandatario no está dispuesto a tomar partido por ninguno de los vértices del Triángulo de Hierro en pugna y dilatará así una decisión que, según creen, tarde o temprano deberá tomar. La estrategia de Milei es conocida y tiene sus costos: distribuir señales hacia todos los sectores y evitar la definición que consolide a uno en detrimento del otro. Funciona como apaciguador de corto plazo pero no resuelve la tensión estructural.
En Las Fuerzas del Cielo detectan los intentos del presidente por equilibrar las internas. Pese a que descartan una fractura, crece el fastidio por el rol de los Menem. Dentro del ecosistema digital liderado por Caputo, la lectura es que Milei los contiene pero no los respalda con la firmeza que esperan, y cada gesto hacia el sector de Karina Milei se lee como una concesión que no debería producirse.
La quietud interna que marcó los primeros meses de este 2026 parece haber llegado a su fin y las diferencias existentes entre dos de los tres vértices del Triángulo de Hierro volvieron a aflorar. Durante el verano, y con el desembarco de Adorni al frente de la Jefatura de Gabinete, uno de los pocos equilibristas de la pronunciada grieta, la dinámica parecía ordenada con el activo funcionamiento de la mesa política que procesaba de manera colectiva las decisiones. Ese esquema se resquebrajó cuando la causa por enriquecimiento ilícito de Adorni empezó a avanzar y el affaire Rufus terminó de hacer estallar lo que venía madurando en silencio.
Lo que sigue siendo el nudo sin desatar es la pregunta que nadie en el Gobierno quiere responder en voz alta: ¿Milei puede seguir sosteniendo al mismo tiempo a Karina y a Caputo? La respuesta corta es que hasta ahora lo logró, pero a un costo creciente. Cada nuevo episodio de tensión pública desgasta la imagen de unidad que el oficialismo necesita proyectar de cara a las legislativas de octubre, y la acumulación de rispideces empieza a tener efectos sobre la capacidad de gestión.
El Presidente intentó en persona apagar la interna pero no le alcanzó y los fuerzacielistas lo desafiaron con el affaire Rufus. Adorni medió entre Caputo y Menem, sin éxito. El jefe de Gabinete, cuya continuidad también está bajo presión por sus propias causas judiciales, termina siendo árbitro de una pelea que lo excede y en la que ninguno de los dos bandos confía del todo en él.
La batalla continúa. Hasta el cierre de esta edición Milei no había conseguido imponer una tregua. La frase que mejor resume el estado de situación la dijo Santiago Caputo con referencias a Game of Thrones desde su cuenta en X: "Winter is coming." Del otro lado, el sector de Karina y Menem sigue apostando al silencio como escudo. Dos lógicas opuestas, un presidente que no elige entre ellas y un año electoral que se acerca sin que el Gobierno haya resuelto todavía quién manda en casa.