05 de Junio de 2026
Nacionales / 05-06-2026

La trastienda de cómo se aprobó el pliego de Michelli: un peronismo que sumó aliados y el rol de Villarruel





Lo que iba a ser una sesión rutinaria de pliegos judiciales terminó siendo una de las mayores derrotas del Gobierno en el Senado. El peronismo aprovechó el desorden interno del oficialismo, sumó al PRO y la UCR, y aprobó el nombramiento que Karina Milei había ordenado bloquear. Villarruel le dio el golpe de gracia al propio bloque libertario.

En una sesión caótica e inesperada para La Libertad Avanza, el Senado adelantó la discusión por el pliego de María Verónica Michelli y finalmente fue aprobado con 44 votos a favor, 18 en contra y 2 abstenciones. Los 18 votos negativos fueron todos libertarios. Patricia Bullrich y la radical Silvana Schneider se abstuvieron. Francisco Paoltroni, como había anticipado, votó a favor. El bloque oficialista quedó partido al medio delante de todo el país.

El futuro del pliego de Michelli debía definirse recién en una semana. Pero la presión de la oposición y otras negociaciones subterráneas lograron convulsionar la sesión, en la que se iban a tratar solo 50 pliegos, la ley de inviolabilidad de la propiedad privada y un acuerdo con dos holdouts por USD 171 millones. El caos empezó treinta minutos antes del inicio formal: el oficialismo intentó agregar 23 pliegos sobre los 50 acordados en Labor Parlamentaria, y el peronismo lo leyó como una traición.

"El acuerdo de Labor Parlamentaria se cumple, sino ¿para qué carajo hacemos Labor Parlamentaria?", señaló la senadora Juliana Di Tullio. "Le pedí a la senadora Patricia Bullrich que me mandara el listado, me mandó el listado con los 50 nombres. Siempre fueron 50 y ahora hay más, se están pasando de la raya", remarcó la kirchnerista. El escándalo terminó beneficiando al peronismo, que usó la indignación para forzar la inclusión del pliego de Michelli en el temario.

Hasta el Salón Eva Perón fue el jefe del bloque peronista, José Mayans, para discutir con Bullrich, la secretaria parlamentaria Dolores Martínez, el presidente provisional Bartolomé Abdala y senadores aliados al oficialismo. El cuarto intermedio que pidió Bullrich fue el escenario donde se coció la alianza que terminaría derrotando al Gobierno: peronistas, radicales y el senador del PRO Martín Goerling, que ya había firmado el dictamen en la Comisión de Acuerdos, se pusieron de acuerdo para votar en conjunto.

Llegó el momento de la votación y casi la totalidad de los pliegos fueron aprobados por unanimidad, hasta que se propuso el de Verónica Michelli. En ese momento Bullrich pidió la palabra, anticipó su voto y blanqueó el conflicto de la Casa Rosada con la candidata: "No se puede atribuir consecuencias disciplinarias a una persona por una relación familiar. La evaluación que hace el Senado es por los méritos." Y adelantó que se abstendría: "Esa es mi posición, no comprometo a mi bloque." La frase fue casi una señal habilitante para el resto del arco opositor.

El golpe de gracia llegó en voz de la presidenta del Senado, Victoria Villarruel. La vicepresidenta, que ya había mostrado su mal humor con Bullrich en la previa, tomó la palabra y dijo: "En efecto se dijeron 50 pliegos y a media hora de la sesión se empezaron a agregar. Comienza la sesión con 73 pliegos, exceptuando a la jueza Michelli." La intervención de Villarruel fue leída dentro del oficialismo como un nuevo gesto de juego propio: en lugar de defender al bloque, la vicepresidenta le dio públicamente la razón al peronismo y dejó a Bullrich y al resto de los libertarios en una posición insostenible.

El Gobierno no pudo avanzar con el retiro del pliego. La propia jefa del bloque oficialista ya había manifestado que estaba en desacuerdo y puso su renuncia a disposición del Presidente. En ese contexto, quedó en evidencia que el Gobierno estaba muy lejos de alcanzar el número necesario para votar el retiro, ya que ni siquiera su propia jefa de bloque decidió acompañarlo. Milei enfrenta ahora un único recurso: demorar la promulgación del pliego por tiempo indefinido y exponerse a un escarnio judicial. Una salida que, en términos políticos, no es ninguna salida.

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