En el corazón del kicillofismo no toman a mal los ataques de Luis Caputo. Incluso, creen que tiene un beneficio político para ellos porque construye una polarización extrema entre el gobierno libertario y el gobernador bonaerense, lo que, a priori, puede entenderse como una competencia anticipada de las elecciones nacionales. "Todo lo que no sea ellos, somos nosotros", fue la frase que utilizaron en La Plata para marcar que se sienten a gusto con la polarización que propone Caputo. Una ecuación sencilla que el kicillofismo lee como un regalo: cuanto más los ataca el oficialismo, más los posiciona como alternativa.
Y agregaron, con una fuerte carga de ironía: "Se está peleando con sus propios fantasmas. Tiene que ir al psicólogo. Vamos a ver si le conseguimos un turno en IOMA". La chicana fue acompañada de otro dato político central: Kicillof se siente cómodo en la polarización porque lo eligen como rival sin que él diga absolutamente nada. De hecho, no va a responder públicamente los cuestionamientos del ministro.
En las últimas dos semanas Axel Kicillof se convirtió en el centro de los ataques del ministro de Economía nacional, Luis Caputo, quien lo arrastró al centro de la escena para asegurar que "nunca" podrá cumplir con sus pretensiones de ser presidente. Caputo repitió la andanada en el IAE Summit, en el Latam Economic Forum y en distintas entrevistas, en una estrategia que el Gobierno parece haber decidido sostener como parte de su armado electoral de cara a 2027.
En La Plata la interpretación es opuesta a la intención del oficialismo: cada mención de Caputo le da a Kicillof la centralidad que él mismo no puede construir fácilmente en un peronismo todavía fracturado. Mientras la interna con el cristinismo sigue sin resolverse y el gobernador evita definir candidaturas, es el propio ministro de Economía quien le hace el trabajo de posicionamiento gratuito. El silencio de Kicillof, en ese marco, no es pasividad sino estrategia.
La decisión de no responder públicamente también tiene una lógica de imagen: meterse en un cruce con Caputo implicaría validar el terreno que eligió el ministro, que es el de la economía y los números. En La Plata prefieren reservar al gobernador para los temas donde tiene más cancha: la obra pública, la educación y la narrativa del ajuste sobre los más vulnerables. Pelear en el terreno del otro es perder dos veces.
La dinámica entre Caputo y Kicillof se está convirtiendo en el anticipo más claro de la batalla electoral de 2027, mucho antes de que los candidatos estén definidos y de que las campañas empiecen formalmente. El ministro instala el duelo, el gobernador lo acepta en silencio y deja que el rival haga el trabajo de construirle un perfil nacional. Un juego que, por ahora, le conviene más al que calla que al que habla.