La suspensión o eliminación de la PASO se transformó en una obsesión para Karina Milei, que está convencida de que las primarias podrían transformarse en el principal obstáculo para la reelección de Javier Milei. Sin embargo, en la más reciente mesa política, a diferencia de los encuentros de los últimos meses, el tema ni siquiera se conversó. "No fue por nada en especial, no surgió. Ya se había hablado la semana pasada", dijo un funcionario nacional. La ausencia del tema en el temario fue en sí misma una señal del estado de la negociación.
En la misma línea se ubicaron Rogelio Frigerio (Entre Ríos), que remarcó el ahorro fiscal que implicaría; y Claudio Poggi (San Luis), que ratificó su respaldo tras una reunión con Diego Santilli. Gustavo Sáenz (Salta) y Hugo Passalacqua (Misiones) ya anticiparon su acompañamiento. A ellos se suman Juan Pablo Valdés (Corrientes) y Marcelo Orrego (San Juan), favorables a la reforma tal como la plantea Casa Rosada, y Martín Llaryora (Córdoba), que no objeta el cambio porque el peronismo local siempre rechazó ese sistema. Pero en el oficialismo admiten que aún no alcanza. "Le falta al tema, le falta", dijeron en el Gobierno.
Puertas afuera, Santilli seguirá con la convocatoria a gobernadores. Recibió a Claudio Poggi de San Luis y a Claudio Vidal de Santa Cruz. El viernes será el turno del pampeano Sergio Ziliotto, ferviente opositor a quien, de todos modos, no creen que podrán convencer. Después de cada encuentro, en Balcarce 50 deslizan que hubo manifestaciones de apoyo. Pero después, en el Congreso, las buenas señales de los mandatarios no se traducen siquiera en promesas. "Nadie promete nada. El espíritu es que hay que trabajar mucho", dijo un importante armador legislativo de La Libertad Avanza.
La suspensión de las primarias necesita mayorías especiales y concentra buena parte de la atención de Santilli, enfrascado en negociaciones con gobernadores, con el PRO y la UCR. Según el Gobierno, en esos espacios querían llevar la discusión más cerca del próximo año, y atarla a eventuales acuerdos electorales. En esas conversaciones surgió, como mecanismo de garantía, la posibilidad de habilitar listas colectoras. Esa negociación luciría aún empantanada, a pesar del entusiasmo oficial.
En el bloque confesaron: "Es difícil ir narrando una negociación a varias bandas. No es fácil medir el grado de avance", en referencia a la cantidad cada vez mayor de referentes, gobernadores y operadores con los que hablan los delegados del Gobierno. El diagnóstico es unánime: hay voluntad política de cerrar el acuerdo antes de agosto, pero la distancia entre las fotos con gobernadores y los votos confirmados en el Congreso sigue siendo muy grande.
En el interior están cansados de las promesas incumplidas, fastidiados con el sistema de toma de decisiones del Ejecutivo y el liderazgo de Milei. Solo un ejemplo: en la vigilia del 9 de Julio, tras la foto de los 13 gobernadores, el Presidente ni siquiera les agradeció a los jefes provinciales por haberse acercado a Tucumán para esa puesta en escena, mucho menos les preguntó por sus necesidades. Sí lo hizo Santilli, un especialista en la administración de las relaciones humanas, validado como interlocutor central con las provincias. En ese contexto, el jefe de Gabinete es el único activo real de una negociación que, sin más tiempo ni más incentivos concretos para los mandatarios, difícilmente se cierre antes de que el Congreso salga del receso.