La Capilla Sixtina será sede de una serie de reuniones cargadas de profundas negociaciones entre quienes pugnan por continuidad el legado de transformación de Jorge Bergoglio y los que entienden que hay volver a un esquema más conservador.
Consciente de esas tensiones, Francisco generó un movimiento interno para equilibrar el poder interno mediante la incorporación de Cardenales periféricos para desafiar a la iglesia europea más arraigada a la curia romana.
Esto incluye Cardenales del llamado sur global pero también europeos con fuerte trabajo en ciudades fuera de los grandes centros europeos que confirman el minucioso trabajo político que hizo Bergoglio en todo este tiempos para que su paso por el Vaticano no se agote en su papado.
En ese marco, el Cardenal que suena con fuerza es Matteo Zuppi, presidente de la Conferencia Episcopal de Italia y Arzobispo de Bologna. Zuppi es considerado un protegido de Francisco y por eso su figura crece con fuerza tras el fallecimiento.
Por otra parte, el Cardenal Pietro Parolin de Italia, de 70 años, secretario de Estado de Francisco y diplomático del Vaticano es otro de los candidatos. Parolin fue el jefe diplomático de Francisco y prácticamente el segundo al mando en un papado cargado de viajes y giras mundiales.
Otro nombre que circula entre los candidatos es Robert Sarah, el cardenal de Guinea que marcaría un hito en la historia del Vaticano al ser el primer Papa negro, una medalla que disputa con Peter Turkson, cardenal ganés.
La clave está en los votos en el Colegio Cardenalicio, un órgano de la Iglesia Católica conformado por todos los cardenales elegidos en los diferentes papados que suelen asistir al sumo pontífice pero también y en este caso elegir al nuevo líder del catolicismo.
Actualmente, hay 252 cardenales en el mundo, 138 de los cuales son elegibles para votar en el cónclave por su edad. De ese total, 110 fueron apuntados por Francisco en un poroteo clave para llegar a los dos tercios necesarios.