La renuncia de Bustamante fue anticipada por distintos sectores diplomáticos, que señalaban su creciente pérdida de influencia dentro del Palacio San Martín. Aislado del entorno de Werthein y vetado por Karina Milei, el funcionario había tomado licencia el 9 de julio, en medio de negociaciones para concretar su salida.
Bustamante, quien había llegado a la vicecancillería como parte del acuerdo inicial entre los libertarios y el PRO, quedó en una posición incómoda tras el voto argentino en contra de Cuba en Naciones Unidas. Ese episodio generó una purga en Cancillería que incluyó la salida de Diana Mondino y otros funcionarios cercanos al macrismo.
La salida del vicecanciller abre la puerta a nuevos nombramientos. Entre los nombres que suenan para reemplazarlo están Fernando Brun, exembajador en Alemania, y Luis María Kreckler, quien actualmente ocupa la Secretaría de Relaciones Económicas. Ambos cuentan con el respaldo de Karina Milei, que busca consolidar un equipo alineado con la visión presidencial.
La renuncia de Bustamante marca otro capítulo en la interna que sacude a la diplomacia argentina. Con la conducción de Werthein y el avance de Karina Milei en la estructura del ministerio, se espera una redefinición profunda de la política exterior, con énfasis en la alineación ideológica y la depuración de funcionarios considerados “ajenos” al nuevo rumbo del gobierno.