En un giro inesperado, el presidente Javier Milei eligió a Diego Santilli como nuevo ministro del Interior. La decisión se tomó tras varias semanas de especulaciones sobre quién ocuparía el cargo, clave para la relación con las provincias y el Congreso. El propio Milei lo presentó como un gesto de apertura hacia otros sectores de la oposición, en un contexto de negociaciones complejas por las reformas que impulsa el oficialismo.
Santilli, dirigente histórico del PRO y exvicejefe de Gobierno porteño, aceptó el ofrecimiento con un mensaje de compromiso: “Haré lo que tenga que hacer para ayudar a concretar las transformaciones que la Argentina necesita”. Su desembarco en el gabinete lo coloca en el centro de la escena política nacional, con la tarea de articular consensos con gobernadores e intendentes.
La designación también tuvo repercusión en el PRO. Mauricio Macri respaldó la llegada de Santilli al gabinete, interpretándola como una oportunidad para que el partido mantenga protagonismo en la gestión nacional. Sin embargo, en su entorno remarcan que el expresidente sigue pensando en 2027 y en la necesidad de que el PRO tenga un candidato propio a la presidencia, lo que abre interrogantes sobre la convivencia futura con los libertarios.
Más allá de su nuevo rol, Santilli mantiene intacta su aspiración bonaerense. Tras la caída de José Luis Espert, que hasta hace poco era número puesto para disputar la gobernación, el “Colo” aparece como uno de los principales candidatos opositores en la provincia. Su paso por el Ministerio del Interior le permitirá tejer vínculos con intendentes y gobernadores, un capital político que puede trasladar a su proyecto 2027.
Con esta jugada, Milei suma a un dirigente con experiencia de gestión y llegada territorial, mientras Santilli gana visibilidad y recursos para su futuro político. El desafío inmediato será construir consensos en un Congreso fragmentado, pero en el horizonte ya asoma con claridad la pelea por la provincia de Buenos Aires.