El recambio legislativo en la provincia de Buenos Aires dejó un nuevo mapa político que complica al gobernador Axel Kicillof. Aunque logró aprobar el paquete económico con Presupuesto, Ley Fiscal y endeudamiento, la cohesión del peronismo se resquebrajó tras la jura de los senadores, cuando no hubo acuerdo para definir las vicepresidencias en la Cámara alta.
La interna volvió a emerger entre los tres sectores principales de Fuerza Patria: el kirchnerismo, el Frente Renovador y el Movimiento Derecho al Futuro. La disputa por la línea sucesoria de la vicegobernadora Verónica Magario expuso la falta de unidad y dejó al mandatario provincial en una posición de minoría dentro de su propio espacio.
Este escenario es una señal de alerta para la convivencia del oficialismo en la Legislatura. Con menor representación, Kicillof necesitará negociar con mayor intensidad para sostener su agenda en el último tramo de su mandato. La fragmentación interna amenaza con debilitar la capacidad de avanzar en proyectos clave y obliga al gobernador a depender de acuerdos puntuales con aliados y sectores opositores.
La situación también impacta en el proyecto político de Kicillof a nivel nacional. La falta de cohesión en la Legislatura bonaerense puede erosionar su capacidad de mostrarse como líder con proyección presidencial, en un momento en que el peronismo busca recomponer su estrategia frente al avance libertario.
En paralelo, la oposición observa con atención la crisis interna del oficialismo. La división de los bloques peronistas abre oportunidades para condicionar la agenda legislativa y marcar límites al Ejecutivo provincial. La disputa por cargos y espacios de poder se convierte en un factor central en la dinámica política bonaerense.
El recambio legislativo, lejos de fortalecer al gobernador, lo dejó en minoría dentro de su propio espacio. La incógnita es si Kicillof logrará recomponer la unidad del peronismo o si transitará el cierre de su gestión con un oficialismo fragmentado y debilitado en la Legislatura.