Un grupo de operarios de la firma textil Soltex, en Trelew, Chubut, realizó una nueva protesta con quema de cubiertas al cumplirse 305 días sin cobrar lo que les corresponde, luego de que el dueño de la planta frenara la producción. Las imágenes de los neumáticos ardiendo frente a la fábrica recorrieron las redes sociales y pusieron bajo la lupa una crisis que se arrastra desde hace casi un año sin que ninguna autoridad haya logrado desactivarla.
Los trabajadores detallaron que de los 50 empleados que había en la planta cuando empezaron a no pagar, solo quedan 20. El resto renunció o comenzó un juicio laboral ante la falta de respuestas. La sangría de personal refleja el desgaste de un conflicto que parece diseñado para agotar a quienes resisten: cada mes que pasa, la plantilla se achica y el poder de negociación colectiva se diluye.
"Nos dice que no quiere cerrar, pero tampoco nos paga, es un sinvergüenza", expresó Néstor Sajama, representante de los trabajadores, durante la protesta. La frase resume con precisión quirúrgica el estado de situación: una empresa que no produce, no cierra, no paga y no da la cara, mientras sus empleados sostienen una vigilia interminable frente a los portones.
Desde la Asociación Obrera Textil vienen realizando gestiones ante el empresario con la finalidad de superar el conflicto y llegar a un arreglo, pero el tiempo pasa y la solución no llega. La falta de avances llevó a los trabajadores a radicalizar sus medidas de protesta. La quema de cubiertas del lunes fue precisamente esa radicalización: una señal de que la paciencia tiene límite y que el reclamo que "al parecer no tiene solución", como denunciaron los propios operarios, necesita mayor visibilidad.
Los operarios también reclamaron que el dueño de la firma se presente personalmente en Trelew para definir el futuro de la planta textil. El empresario, radicado en Buenos Aires, brilla por su ausencia desde que frenó la producción. La distancia geográfica funciona como un escudo: mientras los trabajadores aguardan en el sur, él opera desde la comodidad de la capital sin rendir cuentas ante nadie.
"Estamos aquí esperando una solución, pero nuestro empleador al parecer quiere que nos vayamos o iniciemos juicio, para que nunca nos pague", denunciaron los trabajadores. La lectura que hacen los operarios sobre la estrategia del dueño es la de un vaciamiento paulatino y silencioso: dejar que el tiempo haga el trabajo sucio, que los empleados se rindan uno a uno y que la fábrica quede vacía sin que nadie tenga que firmar un cierre formal.
"Si no quiere trabajar, que nos den la fábrica a los trabajadores y nosotros vemos lo que podemos hacer", afirmó Sajama. Los trabajadores advirtieron que continuarán con las protestas hasta obtener una respuesta concreta sobre el pago de salarios y la continuidad laboral. El reclamo de recuperación bajo gestión obrera no es nuevo en la historia del movimiento sindical argentino, pero que 20 operarios textiles en la Patagonia lleguen a plantearlo después de 305 días sin cobrar habla del nivel de desesperación al que los llevó el silencio de su empleador y la inacción del Estado.