Claudio "Chiqui" Tapia convocó a una veintena de intendentes bonaerenses —la mayoría peronistas— en el CEAMSE para hablar del Mundial 2026. Pantallas gigantes, fan fests gratuitos, todo muy lindo.
Pero pará. ¿En CEAMSE?
Porque en CEAMSE no es la sede de la AFA. Es una empresa pública. Y Tapia ahí no es el presidente del fútbol argentino: es funcionario público. Con obligaciones, con incumbencias, con temas que atender que no tienen absolutamente nada que ver con dónde van a mirar los partidos los vecinos el año que viene.
Si querés hablar de fútbol, convocás en Viamonte. Fin.
Pero claro, acá nadie dice nada. La Justicia mira para otro lado, los jefes políticos también, y los intendentes van, se sacan la foto y vuelven a sus municipios como si fuera lo más normal del mundo reunirse en una empresa del Estado para hablar de lo que no corresponde.
Yo los comparo con otras generaciones de dirigentes y no puedo evitar pensarlo: esto es un mamarracho.
Y lo peor no es Tapia. Lo peor es que nadie lo frena. Que se naturalizó. Que confundir los roles, mezclar los ámbitos y usar lo público como patio propio ya no escandaliza a nadie. A mí sí me escandaliza. Y lo voy a seguir diciendo.
Porque si los intendentes tienen tiempo para esto, es porque creen que todo está bien. Y yo creo que estamos muy lejos de estar bien.