Aunque algunos medios internacionales tildaron el gesto de arrogante, el diario británico The Guardian pidió al Reino Unido que reabra las negociaciones. No pueden ser británicas para siempre, planteó el periodista y columnista Simon Jenkins, luego de que ofreciera un repaso histórico sobre los territorios que alguna vez fueron colonias británicas y que, paulatinamente, dejaron de responder a la corona. El argumento central de Jenkins no fue político sino geográfico y temporal: la historia muestra que ningún territorio permanece bajo dominio colonial indefinidamente.
Entre los hitos más recientes, Jenkins mencionó el acuerdo que Reino Unido y España cerraron esta semana en torno a la soberanía de Gibraltar. La disposición para eliminar el histórico enrejado no solo representó la desaparición de la frontera física, sino el fin de otra discusión diplomática que se extendió por varias décadas. Apenas 24 horas habían transcurrido de la celebración por la firma del tratado en Bruselas, cuando el reclamo por la soberanía de Malvinas resurgió en plena celebración del Mundial 2026. La coincidencia de fechas le dio al columnista el argumento más poderoso de su nota.
Jenkins consideró que los resultados del referéndum realizado en 2013, en donde el 99,8% de un total de 1517 participantes votaron por permanecer anexados como parte del gobierno británico, no eran suficiente justificativo para cerrar la discusión. El argumento de la autodeterminación, que el gobierno británico usa habitualmente como escudo, fue cuestionado por el propio columnista del diario más influyente de la izquierda liberal inglesa.
Tarde o temprano, el gobierno del Reino Unido tendrá el coraje de reanudar las negociaciones. Como están las cosas, el Ministerio de Asuntos Exteriores y el ministro de Defensa pospondrán el problema, analizó Jenkins. La frase resume la posición del columnista: no se trata de si las negociaciones deben abrirse sino de cuándo, y la respuesta del establishment británico es seguir dilatando lo inevitable.
El columnista planteó que sería gratificante si la bandera de las Malvinas exhibida durante el partido en los Estados Unidos sacudiera a alguien para que pase a la acción. La imagen del seleccionado argentino desplegando una bandera con el reclamo soberano frente a las cámaras de todo el mundo, en el momento de mayor exposición de la historia del deporte argentino, fue para Jenkins menos una provocación que una oportunidad diplomática.
Bajo el punto de vista de The Guardian, la ferviente defensa de los gobiernos británicos por el control de las islas responde más a una lógica de orgullo nacional que a argumentos de fondo. La columna de Jenkins es inusual no por lo que dice sino por desde dónde lo dice: un medio de referencia del mundo anglosajón, leído por la elite política y cultural británica, publicando en su portada digital que las Malvinas no pueden ser británicas para siempre. En el contexto del Mundial 2026, esa frase tiene un peso que va mucho más allá de una columna de opinión.