El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, reavivó el debate político en plena recta final de la campaña electoral al prometer la implementación de transporte público gratuito en todo el país durante los fines de semana. La propuesta busca aliviar el bolsillo de los sectores de menores ingresos e incentivar la movilidad, el turismo interno y el consumo en las áreas urbanas.
Sin embargo, la iniciativa generó una inmediata y dura respuesta desde la oposición. Eduardo Bolsonaro, diputado nacional e hijo del exmandatario Jair Bolsonaro, cruzó al jefe de Estado al sostener que se trata de una promesa irrealizable y una "maniobra electoralista" destinada a captar votos a pocos días de la votación decisiva.
El legislador opositor afirmó que la gratuidad del boleto durante los sábados y domingos no cuenta con respaldo financiero en el presupuesto público y acusó a Lula de desempolvar viejas promesas de campañas anteriores para intentar revertir o consolidar su posición en los sondeos de opinión. Según el sector bolsonarista, la medida impactaría severamente sobre las arcas municipales y estatales, obligando a posteriores subas de impuestos.
Por su parte, desde el entorno del mandatario defienden la viabilidad del proyecto, argumentando que el sistema de transporte puede financiarse mediante reasignaciones presupuestarias y subsidios cruzados dirigidos a garantizar el derecho a la movilidad de los trabajadores durante sus días de descanso.
La polémica por el boleto gratuito se convirtió en uno de los principales ejes de confrontación entre el oficialismo y la oposición en el tramo definitivo del calendario electoral, en un escenario de alta polarización donde cada propuesta social es minuciosamente auditada por el electorado.