El Gobierno espera el regreso de Javier Milei de los Estados Unidos, previsto para este domingo, para poner en marcha la designación por decreto de los jueces de la Corte Suprema Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, los dos candidatos que no consiguieron pasar la valla del acuerdo del Senado.
Una fuente oficial del Ministerio de Justicia fue mas ambigua, aunque admitió que Lijo y García-Mansilla siguen en carrera y no los otros nombres que circularon la semana pasada. “Está todo en estudio, estamos analizando todas las alternativas legales para que los candidatos propuestos por el Gobierno lleguen a la Corte”, argumentó.
Si es que finalmente ambos son designados de esta manera, los decretos deberían ser firmados antes del 28 de febrero. Los días corren.
Esto se debe a que la jugada se apoya en el artículo 99 inciso 19 de la Constitución Nacional que prevé entre las atribuciones del Poder Ejecutivo “llenar las vacantes de los empleos, que requieran el acuerdo del Senado, y que ocurran durante su receso, por medio de nombramientos en comisión que expirarán al fin de la próxima Legislatura”.
Si Milei quiere designar a los dos jueces por decreto debe hacerlo mientras el Congreso se encuentra cerrado, es decir, antes del 1 de marzo, cuando se inaugura el período de sesiones ordinarias con un discurso presidencial.
La pretensión de Milei es que ese día estén sentados en el recinto Lijo y Garcia-Mansilla junto a Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti.
El camino habitual, previsto en la Constitución para designar a un juez de la Corte Suprema, es que el Poder Ejecutivo propone a los candidatos, se abre un período de impugnaciones y adhesiones, hay entrevistas personales con la comisión de acuerdos del Senado y los senadores, finalmente, deben votar para darle acuerdo con los dos tercios de los presentes.
Este trámite comenzó con la postulación de Lijo y García-Mansilla, tuvieron adhesiones y objeciones, pasaron las entrevistas públicas y el pliego de Lijo consiguió los votos para ser tratado en el Senado. El de García-Mansilla, no.