Todos los caminos, guste o no, conducen a una alianza entre el PRO y La Libertad Avanza. Los hechos se van alineando hacia un entendimiento electoral que, en la provincia de Buenos Aires, incluye también al radicalismo, en un frente amplio que, de sostenerse, podría inclinar la balanza en el principal distrito del país. A nivel nacional, la estrategia se ordenaría bajo el paraguas de La Libertad Avanza, capitalizando la marca y el arrastre de Javier Milei, que sigue capturando la atención política y social.
Este reordenamiento obliga a mirar hacia la otra orilla del escenario político. ¿Qué hay del otro lado? Un kirchnerismo en franca retirada, y un peronismo que parece no encontrar brújula. Entre la resistencia y la resignación, el PJ discute más consigo mismo que con sus adversarios. Mientras que la figura de Axel Kicillof, quien supo proyectarse como heredero de la conducción oficialista, enfrenta ahora una paradoja: quiere liderar sin repetir el destino de Alberto Fernández, pero también sin contrariar a Cristina Fernández, quien no quiere un nuevo Alberto, pero tampoco parece dispuesta a soltar del todo.
Con ese panorama, Axel podría perder en seis de las ocho secciones electorales si la oposición logra consolidarse. Incluso en el primer y el tercer cordón del conurbano, bastión tradicional del peronismo, el margen se ha estrechado peligrosamente. Y eso si el peronismo logra mantenerse unido: hoy hay más tensiones que certezas dentro del Frente de Todos. Aunque, lógicamente, las tensiones internas han aflojado. En el universo peronista, ir divididos es un suicidio electoral. Se quieran o se odien, Axel y Cristina tienen el destino atado.
Mientras tanto, de confirmarse esta lógica alianza opositora, los golpeados son los "Ferraresi" de la vida, aquellos cuyo negocio político es romper con CFK y jugar a ser candidatos testimoniales en septiembre. Con un escenario polarizado y cerrado, sus chances se diluyen entre la irrelevancia y el oportunismo.