En Buenos Aires, el debate sobre las reelecciones indefinidas no terminó con los intendentes. En la Legislatura y los Concejos Deliberantes, sigue habiendo maniobras para extenderlos indefinidamente.
Diputados provinciales, senadores, concejales y consejeros escolares pueden renovar sus cargos sin límite de tiempo, siempre que cuenten con el aparato político suficiente para sostenerse. Y en muchos casos, eso no se logra con mérito, gestión o respaldo ciudadano: se sostiene con rosca, favores y nombres heredados.
El problema no es la continuidad en sí. El problema es que la continuidad sin alternancia se convierte en costumbre, y la costumbre en impunidad. Hay concejales que llevan más de 20 años sentados en el mismo recinto sin que nadie pueda recordar un proyecto relevante que hayan impulsado. Mismo caso con legisladores provinciales.
Y cuando la ley les impide reelegirse —como en el caso de los intendentes mencionados— el atajo se vuelve familiar: aparece el primo, la esposa, el hijo, el secretario de confianza. No se trata de renovación, sino de nepotismo encubierto.
El futuro político de más de la mitad de los intendentes bonaerenses está en suspenso. Si no se modifica la ley vigente que limita las reelecciones, 82 de los 135 jefes comunales de la provincia de Buenos Aires no podrán competir nuevamente en las elecciones de 2027, lo que representa más del 60 por ciento del total.
Catorce de los 24 jefes comunales del Gran Buenos Aires quedarían impedidos de presentarse si la normativa actual no se modifica. Figuran en esa lista dirigentes como Mario Ishii (José C. Paz), Juan José Mussi (Berazategui), Mario Secco (Ensenada), Mayra Mendoza (Quilmes), Jorge Ferraresi (Avellaneda), Ariel Sujarchuk (Escobar) y Federico Achával (Pilar), entre otros.
De Distritos más pequeños o del interior bonaerense, están impedidos de presentarse, Miguel Lunghi (Tandil), Pablo Petrecca (Junín), Jorge Etcheverry (Lobos), y Ricardo Curutchet (Marcos Paz).
Mientras tanto, los vecinos ven cómo los distritos no se desarrollan, la infraestructura deja muchísimo que desear, y la inseguridad es una problemática sensible para todos los bonaerenses. Los concejos deliberantes sesionan cada vez menos. La pregunta sería: ¿qué representación real puede ofrecer un sistema donde los mismos nombres circulan sin control ni competencia?
La democracia se basa en la posibilidad de elegir, pero también de alternar, renovar, oxigenar. Y cuando el poder se enquista, deja de escuchar, deja de rendir cuentas y —lo que es peor— deja de servir.
La discusión no es sólo legal, es política y ética. Limitar la reelección de legisladores, concejales y consejeros escolares es urgente si queremos instituciones que funcionen para la gente y no como clubes cerrados de privilegiados. Hasta ahora, el proyecto ha obtenido dictamen favorable en la Comisión de Legislación General del Senado bonaerense, lo que significa que está listo para ser tratado en el recinto.
Porque el poder, cuando no rota, se oxida. Y cuando se oxida, deja de ser democrático.