La elección legislativa del 7 de septiembre en la provincia de Buenos Aires se perfila como un punto de inflexión político, con implicancias que van a trascender lo estrictamente local. El desdoblamiento electoral impulsado por el gobernador Axel Kicillof separó el calendario bonaerense del nacional, pero los principales espacios ya proyectan sus movimientos con la mirada puesta en 2027. En juego están 46 bancas provinciales —23 en Diputados y 23 en el Senado— además de cientos de cargos municipales, entre concejales y consejeros escolares. Esta autonomía electoral convierte a Buenos Aires en un tablero propio, donde el gobernador medirá fuerzas, en el preludio de lo que él pretende sea un camino a la Casa Rosada. Será imposible que no tenga un tinte nacional la elección bonaerense, como suele ocurrir habitualmente.
Más que una renovación legislativa, la elección del 7 de Septiembre será una pulseada de poder. Las fuerzas políticas buscan consolidar territorios, redefinir alianzas y posicionar liderazgos en el distrito más poblado del país. El corazón de cualquier proyecto nacional. La definición de listas se convirtió en una carrera contrarreloj, con negociaciones intensas que se extenderán hasta la medianoche del sábado 19 de julio. Cada frente político enfrenta su propio dilema: apostar por figuras de peso o renovar con nuevos perfiles. O cómo lograr la tan ansiada unidad, y que tenga la menor cantidad de heridos posibles.
En términos geográficos, la elección se distribuye por secciones electorales. Diputados se eligen en la Segunda, Tercera, Sexta y Octava; senadores en la Primera, Cuarta, Quinta y Séptima. La Primera y la Tercera concentran casi la mitad del padrón bonaerense, mientras que la Quinta —con Mar del Plata como epicentro— es clave para el interior provincial.
Por parte del kirchnerismo, ahora denominado Fuerza Patria, la tensión entre intendentes del conurbano y La Cámpora muestra que no es un bloque homogéneo. Intendentes como Mussi, Ferraresi y Secco buscan liderar sus listas, lo que debilita el control de Máximo Kirchner y obliga a negociar territorialmente. Curiosamente, Kicillof logró su objetivo de tener una impronta propia, su "Movimiento de Derecho al Futuro", va a lograr una representación propia que no tenía, pero el "kicillofismo", queda herido, ya que en muchos lugares estaba la expectativa de que se arme una lista por afuera y se rompa con ek kirchnerismo.
Los nombres que suenan para encabezar las boletas incluyen intendentes, ministros y dirigentes con proyección nacional. En el oficialismo, se mencionan figuras como Leonardo Nardini, Gabriel Katopodis para la Primera, y Verónica Magario para la Tercera. En la oposición, el PRO y La Libertad Avanza evalúan candidaturas de Guillermo Montenegro, Diego Valenzuela y Nahuel Sotelo. El desafío para ambos será evitar que la alianza se convierta en una suma de egos sin cohesión electoral. También emergen nuevos espacios que intentarán salir de la dicotomía Fuerza Patria-Libertad Avanza, cómo Somos Buenos Aires, Nuevos Aires, entre otros.
No habría mucho espacio para debates provinciales o seccionales. Las narrativas espejo —anti-Milei vs. anti-kirchnerismo— dominan el discurso. Las decisiones que se tomen este fin de semana en el cierre, no solo definirán el mapa legislativo bonaerense, sino que marcarán el rumbo de las estrategias nacionales hacia 2027. En la provincia de Buenos Aires, todo está en juego, y hasta el último minuto, todo puede cambiar. Quienes quieren ser intendentes o estar en las altas esferas de la política bonaerense, les toca mover en esta oportunidad, en una ciudadanía compleja, dónde reina la apatía, la desafección política, y la poca voluntad de ir a votar.