01 de Mayo de 2026
Editorial / 12-03-2026

Claudio Fernández: "El domador domado: Manuel Adorni y la motosierra que no vuela en avión privado





De las chicanas por los sanguchitos de miga a los viajes de placer con la nuestra. El vocero que construyó su carrera desde la superioridad moral hoy se enreda en el mismo hilo que juró cortar: el de los privilegios de la casta.

Durante años, Manuel Adorni fue el sommelier oficial del gasto público ajeno. Con un estilo quirúrgico para la chicana y ese aire de "yo me las sé todas" que tanto garpa en el ecosistema libertario, el hoy Secretario de Estado se dedicó a diseccionar cada centavo que el "Estado opresor" gastaba en lo que él consideraba nimiedades. ¿Se acuerdan del escándalo por los sanguchitos de miga en la Casa Rosada? ¿O de las facturas de luz de las dependencias públicas? Adorni hizo un culto del "fin" para cerrar discusiones sobre la moralidad del funcionario. Pero el problema de escupir al cielo es que, tarde o temprano, la gravedad hace su trabajo.

Hoy, el hombre que "descansaba" a la política tradicional desde su pedestal de Twitter se encuentra en un lugar incómodo: el ojo de la tormenta. Ya no son sanguchitos; ahora son millas, aviones presidenciales y declaraciones juradas que parecen no resistir un chequeo de Excel básico.

La casta tiene novia (y viaja en el Tango)

La polémica por haber subido a su pareja al avión presidencial para lo que, a todas luces, parece un viaje de esparcimiento con fondos públicos, no es solo un error de cálculo logístico. Es una puñalada al corazón del relato oficial. Si la premisa era que "no hay plata" y que cada peso se cuida como si fuera el último, ¿cómo se explica el turismo familiar en el transporte oficial?

Lo que a Adorni lo golpea con más fuerza no es solo el hecho en sí —que en cualquier país serio ameritaría una explicación exhaustiva— sino la asimetría moral. Se pasó media vida denunciando "curros" y hoy se mueve con la soltura de quien cree que el Estado es un beneficio ganancial.

Un patrimonio que no cierra y un silencio que aturde

A esto se le suma el misterio de los vuelos privados. Cuando las declaraciones juradas muestran números que no coinciden con el costo operativo de un viaje de lujo, la pregunta surge sola: ¿Quién paga la fiesta? El Adorni periodista habría destruido a cualquier funcionario con semejante inconsistencia. El Adorni funcionario, en cambio, apela al silencio o a la respuesta evasiva, esa que tanto criticaba cuando estaba del otro lado del mostrador.

El "vocero estrella" está descubriendo que el cinismo es una herramienta espectacular para la oposición, pero un bumerán letal en la gestión. Ya no alcanza con decir "fin" para terminar una discusión. La realidad no es un hilo de X (ex Twitter) y la gente, incluso la que lo votó esperando un cambio de ética, empieza a notar que el olor a "casta" no se va con un perfume nuevo.

El precio de la coherencia

Manuel Adorni se convirtió en el símbolo de lo que venía a combatir. Aquel que se reía de la "militancia rentada" hoy tiene que explicar por qué su entorno más cercano parece disfrutar de las mieles del poder central.

¿Es un pecado viajar? No. ¿Es un delito tener pareja? Tampoco. El problema es la hipocresía. Si vendiste una revolución de austeridad y terminás usando el avión del Estado para pasear a tu familia, no sos un "domador"; sos, simplemente, otro pasajero de los privilegios de siempre. Y en política, no hay nada que se pague más caro que el archivo cuando el espejo te devuelve la imagen de lo que siempre despreciaste.

Diseño: Eplaxo