09 de Mayo de 2026
Editorial / 16-03-2026

Aníbal Pazos: "¿Penitenciaria o Home Office? El límite a los celulares y el respeto que Marcos Paz merece"





Frente a un sistema penitenciario que exporta inseguridad a nuestros barrios, es necesario marcar una distinción clara entre quienes buscan el orden y quienes prefieren la desidia.

La situación de las cárceles en la provincia de Buenos Aires llegó a un límite que ya no se puede tapar con retórica. Lo que debería ser un ámbito de encierro y justicia se ha transformado, por falta de decisión política, en un problema de seguridad que golpea directamente en la puerta de cada vecino. Cuando el Estado pierde el control de lo que sucede dentro de la prisión, lo que sigue es el caos que vemos hoy: delitos que se digitan desde una celda como si fueran una oficina más.

En este escenario, es fundamental observar las diferentes miradas que conviven en la política. No todos vemos el problema de la misma manera. Mientras hay sectores que parecen cómodos con una visión permisiva o romántica, que bajo el paraguas de ciertos dogmas ideológicos termina desprotegiendo a la sociedad, desde el Frente Renovador se ha impulsado una iniciativa que busca devolver un poco de sentido común. El reciente proyecto para limitar el uso de tecnología y celulares en los penales es un ejemplo de esto: es una búsqueda de poner orden donde hoy manda la anarquía.

Para nosotros, en Transformemos Marcos Paz, esto no es una discusión teórica sobre leyes; es una cuestión de respeto a nuestra comunidad. Marcar la diferencia con esa otra visión —cercana al kirchnerismo que prefiere no profundizar en el control penitenciario— es clave. Necesitamos una gestión que entienda que la prioridad es el vecino que trabaja, no la comodidad de quien está cumpliendo una condena.

Sin embargo, el problema de fondo es aún más profundo y nos toca de cerca. Porque mientras en las altas esferas se discuten estas normativas, en los hechos se sigue avanzando con decisiones que nos afectan directamente, como el traslado de internos tras el cierre de la cárcel de Devoto.

La pregunta que nos hacemos es simple: ¿Por qué Marcos Paz siempre tiene que ser el destino de lo que otros no quieren?

Es muy fácil hablar de progreso urbano y seguridad en la Ciudad de Buenos Aires cuando el costo de ese "progreso" se sube a un camión y se descarga en nuestro distrito. Marcos Paz no es el patio trasero de nadie. No podemos seguir aceptando que nos conviertan en el depósito de los problemas que otros municipios o jurisdicciones deciden descartar por falta de capacidad o de ganas de resolverlos en su propio territorio.

La seguridad requiere planificación, no traslados silenciosos. Durante años, nuestra ciudad ha sido relegada por una dirigencia que miró para otro lado mientras se firmaban acuerdos que comprometían nuestra tranquilidad local. Ser el "patio trasero" no es un destino inevitable, es la consecuencia de años de falta de peso político para defendernos.

Desde nuestro espacio vamos a dar la pelea para que la seguridad deje de ser palabras vacías y se convierta en una política de Estado que nos cuide. La respuesta es clara: si una ciudad no quiere ver un problema, no puede simplemente trasladarlo a la nuestra. Yo tengo un proyecto integral de seguridad donde la prioridad absoluta es el vecino de Marcos Paz, no el traslado de presos ni la comodidad del delito.

Marcos Paz necesita desarrollo, necesita inversión y, por, sobre todo, necesita respeto. Es hora de que las decisiones que afectan nuestro futuro se tomen pensando en nuestras familias, y no en escritorios lejanos que nos ven como un patio trasero.

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