18 de Agosto de 2026
Economía / 18-08-2026

Las tarifas de servicios públicos equivalen a más del 12% del salario, el doble de lo que costaban hace dos años y medio





Luz, gas, agua y transporte le costaron a un hogar promedio del AMBA $295.826 en julio, un 53% más que un año atrás y un 966% más que en diciembre de 2023.

El costo de vida para las familias del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) volvió a registrar una fuerte presión en el gasto de bolsillo. Según los últimos relevamientos del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA y el Conicet, la canasta básica de servicios públicos —que abarca energía eléctrica, gas natural, agua potable y transporte urbano— alcanzó en julio un total de $295.826. Este monto implica que el mantenimiento tarifario representa hoy más del 12% del ingreso promedio de un hogar asalariado, duplicando el impacto porcentual que tenía sobre las finanzas familiares hace dos años y medio.  

La evolución de las facturas muestra un ritmo de aumento que desbordó con creces el nivel general de precios. Mientras que la inflación acumulada desde finales de 2023 se ubicó en torno al 241%, el costo consolidado de las tarifas públicas experimentó una disparada del 966% en el mismo período, multiplicando casi por cuatro la dinámica del índice inflacionario general. En términos interanuales, la canasta de servicios trepó un 53% en comparación con el mismo mes del año pasado.  

El rubro del transporte colectivo de pasajeros continúa consolidándose como el componente de mayor peso dentro de la estructura de gastos mensuales para los usuarios del AMBA, concentrando cerca del 40% del total de la canasta. Por su parte, la factura de gas natural fue el servicio que registró el mayor salto porcentual acumulado, explicado por la quita progresiva de los subsidios estatales a los bloques de consumo intermedio y alto, junto con las actualizaciones periódicas en las etapas de distribución y transporte.  

Este encarecimiento del peso relativo de los servicios regulados sobre los ingresos consolida un cambio estructural en el consumo de los hogares urbanos. Al destinar una porción sustancialmente mayor de los sueldos a la cobertura de necesidades fijas e inelásticas como el agua, la luz o el traslado diario hacia los puestos de trabajo, el margen sobrante para el consumo masivo, la compra de alimentos y el ahorro se achicó de forma severa, obligando a las familias a reestructurar sus presupuestos mensuales.

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